Pues por aquí andamos de nuevo por la que, sin duda, es la galeria pictórica que más veces he visitado. La National Gallery.
Desde mi última visita, tenía una cuenta pendiente con la National. En aquella ocasión a pocos días de la celebración de los 200 años de su fundación la National Gallery estaba, literalmente, patas arriba. Una buena parte de sus salas estaban cerradas, los visitantes se agolpaban como lo harían ante un puesto de rebujito en la feria de Sevilla, hasta olía a ser humano a muchos seres humanos.
Ayer todo fue distinto, no mucha gente, algunos cuadros han cambiado de ubicación, pero todos, todos estaban allí, el famoso caballo, madame Pompadour, Richeliu, Leonardo, los Van Gogh y su cohorte de admiradores de los selfie en mano. Y por supuesto el matrimonio Arnolfini.

De largo el matrimonio más famoso del mundo artistico.
Pero no es de la insigne pareja de la que quería hablar hoy sino más bien de su creador, pero no directamente sino en tanto que Van Eyck es sino el «padre de la pintura al óleo» sí uno de sus mas brillantes iniciadores.
Del temple/tempera al óleo.
Estaba yo en eso, cuando ha aparecido por aquí mi nieta, ya he dicho que estoy en Inglaterra, y ha planteado la gran pregunta.
¿Qué es el temperá?
Pues sí, tiene toda la razón, quizá lo mejor es empezar por el principio, aclarando conceptos,
Lo de la pintura al óleo, que nos parece tan obvio, es una técnica que se impone durante el periodo del renacimiento.
Todo lo anterior se hizo al temple o témpera. Una técnica que en esencia consiste en mezclar pigmentos en polvo con un aglutinante que podía ser, entre otros, grasa animal, o huevo (la yema) quizá el más usado. Un poco de agua para emulsionar, sería lo básico pero a partir de ahí se convierte en una ensalada. Porque en ocasiones, con el fin de preservar la yema (la misma que se come) se añadía, vinagre o vino.
Trabajar el temple no es como el óleo.
El temple se seca muy rápido, no permite hacer degradados, obliga a usar pinceladas pequeñas. En ocasiones se usan tramas de líneas con las que se crean sombras. Carece del brillo del oleo, por contra pero en el temple los colores son muy vivos y no amarillean con los siglos.
Muchas veces cuando se ve una tabla al témpera amarillenta, no es por la pintura sino por barnices que se le han añadido en el paso de los años. Que se lo digan a los restauradores.
Esa es quizá la gran virtud del temple es su durabilidad, mira las pinturas egipcios o los iconos bizantinos y entenderás lo que digo. Básicamente lo que define el temple, barnices al margen y aun a pesar de ellos, es su estabilidad.
Otra característica o peculiaridad del temple es que no se pinta sobre telas un soporte demasiado flexible y que cuartearía la pintura. Se usa siempre en frescos y tablas.
¿Cómo se aplica?
Se pone una capa base, normalmente yeso. Se hace la mezcla (el temple propiamente dicho) justo antes de pintar, porque se seca muy rápido, y se aplica en capas muy finas para dar transparencia.
Uno de las obras mas destacables al temple es el nacimiento de Venus, de Sandro Botticcelli.

Durante mucho tiempo se consideró a Jan van Eyck, «inventor del óleo», según Giorgio Vasari.
Hoy en día se sabe que lo de mezclar pigmentos con aceite se hacía en siglo VII en lugares tan lejanos de los países bajos como Afganistán.
Pero haciendo bueno el ombliguismo que nos caracteriza, A TODOS, para el mundo occidental, como quien dice, el óleo nace en los Países Bajos alla por el 1420.
En cualquier caso Van Eyck perfeccionó la formula, usando aceite de linaza y nuez, añadió resinas para que secara de forma estable sin perder transparencia. y el resultado son cosas como la pareja Arnolfini. O este increíble tríptico de la Anunciación obra de Robert Campin.

Pero en el mundo del arte por aquí por la vieja Europa, a veces parece como que nada es lo que es, hasta que pasa por Italia. A donde llega de la mano de Antonello da Messina.
Bellini y Tiziano se lanzaron de cabeza a pintar al óleo. Venecia es básicamente húmeda y los frescos se arruinaban rápido, el óleo sobre lienzo era más cómodo , versátil y resistente.
De repente las pinturas crecieron en tamaño la técnica lo permitía y el soporte también, la tela , y es mucho menos pesada que la tabla.
Ya en el siglo XVII el óleo era el rey absoluto de la pintura. Permitía hacer correcciones, algo hasta entonces impensable. Con el óleo llegaron las veladuras capas delgadas traslúcidas que aportan profundidad, luz y dramatismo. Gracias a esta técnica se puede aplicar en capas casi imperceptibles o en empastos dando al artista una infinidad de recursos de los que antes no disponía.
Recursos que permitieron algo tan maravilloso como el sfumato , sinonimo de Leonardo Da Vinci, el gran genio en casi todo y también en meter la pata.
Entre 1495 y 1498 Leonardo se enfrascó en el gigantesco proyecto pictórico de la Última Cena para el refectorio de Santa Maria delle Grazie. Leonardo no quiso pintarla como un fresco sino como si se tratase de una tabla. Craso error.
Leonardo aplicó una capa doble de preparación y encima pintó al temple pero también al oleo.
La pared exterior sufría mucha humedad y al no ser un fresco al temple (donde el pigmento se integra químicamente con el muro), la pintura al óleo y temple nunca se «pegó» a la piedra.
A los pocos años de terminarla, la pintura empezó a descascararse y a cubrirse de moho. Ya en el siglo XVI, los cronistas decían que la obra estaba prácticamente arruinada.
Afortunadamente algunos de sus discipulos pintaron reproducciones, como la que se puede ver en la Academy of Arts en Londres. Resulta dificil reconocer en ella la obra desgastada y apenas visible de Leonardo pero , eso sí, permite hacerse una idea del impacto que causó en su momento (por cierto en esa copia se ven los pies de Cristo).
A pesar de ese desastre, pocos años después Leonardo alcanzaría el summum de la técnica al oleo. La Monalisa, ese cuadro chiquitín que está en el Louvre detrás de un montón de gente, es el ejemplo perfecto de cómo el óleo permite capas tan finas (veladuras) que las transiciones entre luz y sombra son invisibles al ojo humano.
Gracias al secado lento del aceite, pudo inventar el sfumato, esa neblina que da a sus personajes un aspecto vivo y misterioso. Su único error fue creer que la pared de un convento húmedo se comportaría igual que una tabla de madera en su taller.












One response to “Del temple al óleo”
[…] vivió en primera persona la transición hacia el óleo (Del Temple al Oleo) fue de los primeros en Italia en dominar esta técnica que permitía crear gradaciones de color […]