Las «mil» firmas de Dalí

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Las «mil» firmas de Dalí

Días atrás os hablaba acerca de la costumbre de firmar las obras de arte, por parte de su creador. En principio la firma de un artista es una marca que permite identificar su trabajo, facilitando el trabajo a péritos y estudiosos, eso siempre que la firma sea verdadera, y de rebote la obra.

Tuve un amigo, que tenía en su casa un papel tamaño cuartilla, del cual estaba muy orgulloso, en el que aparecía la firma de Salvador Dalí, nada más solo la firma. Mi amigo se preguntaba si aquello podría tener algún valor económico porque artístico era evidente que no lo tenía.

Mi amigo murió hace años y supongo que alguno de sus herederos tendrá la respuesta, aun que me temo que no será tan positiva como quizá esperasen. porque al margen de la ausencia de «obra» estoy hablando de una firma huérfana. Por otra parte, saber a ciencia cierta si aquella firma era de Dalí o no, puede ser harto difícil.

Porque en el caso de Salvador Dalí, lo de la firma se complica.

A lo largo de su carrera, desde los inicios del surrealismo hasta su incursión en el arte comercial, Dalí utilizó una enorme variedad de firmas, 678 que se sepa.

Esto ha generado tanto interés como desafíos en lo que respecta a la autenticación de sus obras, especialmente las de menor formato como grabados, litografías y bocetos.

En la otra de Dalí se ven firmas claras y legibles como «Dalí» o «Salvador Dalí», a menudo acompañadas de la fecha, pero también garabatos y también símbolos o dibujos pequeños junto a su nombre.

En algunos periodos, especialmente en obras gráficas, se han identificado variaciones en el tamaño, la inclinación y la presión del trazo, lo que sugiere una flexibilidad deliberada o, en ocasiones, la intervención de talleres o asistentes en la producción de estas series. O simplemente ganas de «tocar las narices» a los autentificadores.

Es en las obras menores donde la variabilidad de la firma de Dalí se convierte en un desafío. Cuando Dalí se puso de moda, la gran demanda de su arte llevó a la producción masiva de grabados, litografías y series de ilustraciones. Muchas de estas piezas eran firmadas a mano por el propio Dalí, en otros casos, especialmente en ediciones muy grandes, la firma podía ser impresa como parte de la obra o, en algunos casos, ejecutada por un estampillador o asistente con el permiso del artista.

Los expertos en arte daliniano deben examinar cuidadosamente no solo la caligrafía de la firma, sino también el soporte, la técnica, el papel y la proveniencia de la obra. Una firma que a primera vista parece auténtica puede ser una falsificación si el resto de los elementos de la obra no coinciden con las prácticas conocidas de Dalí o de los talleres autorizados.

Y por si con todo esto fuera poco, está lo de las «firmas apócrifas» o «firmas de taller» poco rigurosas o directamente fraudulentas.

¿Cómo separar entonces el grano de la paja? Pues para eso están los expertos, conocedores de la obra y honrados. Resumiendo que no, que dudo mucho que los herederos de mi amigo se hayan podido jubilar a cuenta de Dalí.


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