A caballo entre Velázquez y Murillo y profundamente influenciado por Caravaggio aparece la figura de Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos (Badajoz)1598 -1664) . Zurbarán se educó con Pedro Díaz de Villanueva y en 1628 instaló en Sevilla su taller desde el que atendía la demanda que le llegaba tanto de la península, especialmente Andalucía, como también desde América.
En 1634 se trasladó a Madrid donde decoró el Palacio del Buen Retiro.

A su regreso a Sevilla vivió su etapa de mayor esplendor realizando las grandes series monásticas para la Cartuja de Jerez y el Monasterio de Guadalupe.
A partir de 1645 la moda cambia y la gente prefiere el estilo de Murillo más colorista y en ocasiones un punto ingenuo. Zurbarán no supo, no quiso o no pudo adaptarse y ahí empezó su declive. En 1658 se traslada nuevamente a Madrid donde muere en 1664.
Zurbarán destacó por su tenebrismo severo, por el tratamiento casi escultórico de los volúmenes, en sus figuras y una habilidad excepcional para representar el peso, la caída y la textura de las telas.
Hasta aquí la ficha de Zurbaran, una ficha somera pero que sirve para situarse.
Porque yo de lo que quería hablar es de un cuadro de esos que visto una vez, visto siempre. Un cuadro que deja recuerdo, un cuadro al que solo le encuentro un defecto, su tamaño 37 x 62 cm. Lo que restando las distancias habituales y necesarias en los museos complica un poco lo del recuerdo imborrable.
Así que con la ayuda impagable de la web del Museo del Prado y ampliando las imágenes en la medida de lo posible intentaré hacerlo un poco más fácil. (si haces click en las imagenes las veras a mayor tamaño)
Porqué, en lo personal, me ha impresionado siempre este cuadro?
Pues porque rompe con ese idea tan tradicional del cristianismo y en particular del catolicismo del sufrimiento y el dolor rayando en ocasiones el espectaculo gore como camino a la salvación.
Una forma como cualquier otra de llamar la atención sobre algo, despertando emociones las que sea, desde asco, hasta veneración pasando por la repugnancia y/o la admiración.
En el arte religioso hay innumerables muestras de miembros amputados, coronas de espinas; flagelaciones, despellejamientos como para abastecer el Festival de cine de terror de sitges (ahora Sitges Film Festival) durante años. Todo para conseguir que sientas los clavos de Cristo como cosa tuya. Exagero? Quizá si. Eso va a creencias.
Pero entonces enmedio, de esa vorágine de sufrimiento, de repente, aparece ese borreguillo.

Este cuadro que en su día pertenecio a los marqueses del Socorro, fue adquirido por el estado español en 1986.
La pintura muestra a un cordero de entre 8 y 12 meses, atado y tendido sobre una mesa a punto para el sacrificio. Destaca el uso de la luz, el claroscuro y la impecable técnica para reproducir texturas. Zurbarán reproduce con igual maestría una seda oriental o una lana sin esquilar en la que casi siente el tacto de las marañas de hilo.

Este es un tema que Zurbarán trató en diversas ocasiones, seis en concreto, pero esta está considerada como la de mayor calidad y la más expresiva.
Cuando el cuadro entró a formar parte de la colección del Museo se le denomino Agnus Dei (Cordero de Dios) el mismo título con que figura en el catálogo de la expo que estos días se puede visitar en la National Gallery.
Pero se le cambio el nombra a Borreguillo. Dice la web del museo que este cambió se debió a la ausencia de elementos religiosos explícitos (aureolas o inscripciones) que Zurbaran sí añadio en otras versiones seguramente encargadas ya con fines sacros.
Además el cuadro siempre fue descrito como un animal y no como una imagen religiosa.

No sé qué intención tenia Zurbaran al pintar este borreguillo, pero contemplando sus ojos aun vivos una piensa es ese misticismo a sangre y fuego o directamente miedo que intentan infundir obras truculentas, y que no consiguen ni la mitad de la ternura, la compasión y el amor que despierta en el espectador ese borreguillo con las patas atadas, falto de coronas santas, con los ojos aun abiertos que casi se le siente temblar.
Y yo me pregunto, repescando olvidados argumentos religiosos, si Dios es amor a que tanta sangre, martirios, pecados, reprimendas si solo se necesita un cordero












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