Que resulta que os habéis hecho un plan de viaje de cuatro días a Londres y consideráis que con eso ya lo habéis liquidado. Me cuesta creerlo pero puede pasar.
En ese caso una opción podría ser acercarse a Hampton Court el gran palacio de Enrique VIII. Pero claro si con cuatro días ya dais Londres por tachado y visto un museo, vistos todos.No se yo si os va a interesar mucho.
Otro tema es que pilla un poco lejos. En coche, que no os lo recomiendo, siendo optimista, una hora y cuarto, en hora punta lo que Dios y su majestad considere. En transporte público, entre que vas a la estación, te equivocas de anden, cambias de tren, llegas a destino buscas un taxi o autobús para llegar hasta el palacio. Una eternidad.
Siendo sincera, y desde la optica del turista, Hampton Court es una visita, para los que tiene a la hija viviendo en Inglaterra, has visto diez veces el Victoria&Albert y te sabes de memoria el Museo Británico. Por eso, porque las probabilidades de que vayais a visitarlo son bajas, es por lo que he decidido dedicarle el post de hoy.
Hampton Court está situado a orillas del Tamesis, lo que me lleva de vuelta al tema de la distancia, porque cuando Enrique VIII no tenía más remedio que bajar a la ciudad lo hacía por el rio.
La historia de este palacio comienza allá por 1514 como residencia del Cardenal Thomas Wolsey, Lord Canciller de Inglaterra y el hombre más poderoso después del rey. Resalto lo de «después» porque claro era tan opulento, que llamó la atención del rey, quien lo «adquirió» en 1529.
Hampton Court sería el escenario de algunos de los momentos más dramáticamente llamativos de la vida de Enrique VIII. Fue aquí donde el rey descubrió la infidelidad de su quinta esposa, Catherine Howard, quien supuestamente huyó por la Galería Encantada en un intento desesperado por ver al rey y rogar por su vida antes de ser arrestada y posteriormente ejecutada.
Lo Más Destacado de la Visita
Una visita a Hampton Court ofrece una experiencia inmersiva:
- Los Apartamentos de Estado
- La Capilla Real
- Los Jardines, incluyendo el laberinto, el «Great Vine» (la vid más antigua y grande del mundo, dicen) y los espectaculares jardines formales, son perfectos para un paseo relajante.
- La Galería Encantada: Para los amantes de las historias de fantasmas,. Y por supuesto las cocinas

Seguro que tenéis más o menos presente el aspecto del rey, esta imagen es de un Enrique VIII joven, pues con lo años no fue a mejor.
Se podría decir que las cocinas de su palacio son un fiel reflejo del volumen de «humanidad»
Las cocinas de Hampton Court, eran el epicentro de la vasta y voraz maquinaria que alimentaba al monarca, a su familia, a sus consejeros y a toda la corte, que a menudo superaba las mil personas.
La magnitud de la empresa culinaria en Hampton Court era verdaderamente colosal. No se trataba de una única cocina, sino de un complejo interconectado de hasta 50 habitaciones especializadas. Cada una tenía su función específica.
- La Gran Cocina: El corazón de la operación, con enormes chimeneas capaces de asar bueyes enteros.
- La Panadería: Donde se horneaba diariamente una gran variedad de panes y pasteles .
- La Cervecería y la Bodega: Dado que el agua no siempre era segura para beber, la cerveza y el vino eran bebidas fundamentales, consumidas en grandes cantidades.
- La Repostería y la Confitería: Para los postres y dulces.
- Las Carnicerías y Pescaderías: Donde se preparaban las enormes cantidades de carne y pescado.
- Los Establos de Mantequilla y Queso: Para los productos lácteos frescos.
Aunque rudimentarias para nuestros estándares, las cocinas de Hampton Court contaban con la tecnología más avanzada de la época. Grandes asadores accionados manualmente o incluso por perros (llamados «turnspit dogs») garantizaban una cocción uniforme de las carnes.
Enormes calderos de cobre servían para hervir grandes volúmenes de alimentos.
El personal que trabajaba en estas cocinas era igualmente impresionante en número y especialización. Se calcula que más de 200 personas, desde maestros cocineros y asadores hasta ayudantes de cocina, leñadores y portadores de agua, trabajaban día y noche para satisfacer las demandas de la corte.
La dieta de Enrique VIII y su corte era rica y variada, aunque muy diferente a la nuestra. La carne era la protagonista indiscutible: buey, cordero, cerdo, aves de corral y caza salvaje. Se consumían enormes cantidades de pescado, especialmente durante la Cuaresma y los días de ayuno. Las especias exóticas eran un signo de riqueza y estatus. Las verduras y frutas, aunque presentes, tenían un papel secundario en comparación con la carne. Así les iba con la gota
Es francamente fácil imaginar la atmósfera, el bullicio y el humo que debían llenar aquellos espacios. A mi me impresionó quizá porque un par de veces al año me enfrento al reto de dar de comer a más de veinte personas
Mas sobre Hampton Court.
- Página oficial de Historic Royal Palaces (Hampton Court Palace): https://www.hrp.org.uk/hampton-court-palace/ (en inglés)
- Wikipedia – Hampton Court Palace: https://en.wikipedia.org/wiki/Hampton_Court_Palace (en inglés)
- Britannica – Hampton Court: https://www.britannica.com/topic/Hampton-Court (en inglés)







