Teatro San Carlo: Epicentro de la Música y la Ópera en Nápoles

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Teatro San Carlo: Epicentro de la Música y la Ópera en Nápoles

Situado junto a la Plaza plebiscito y compartiendo medianeras palacio real, está una de las joyas Napolitanas, y de toda Italia porque el San Carlo es el teatro, activo, mas antiguo de Italia. Se construyó en 1737 por voluntad del rey Carlos III de Borbón, el mismo de aquí.

El San Carlo es 41 años previo alla Scala y 55 a la Fenice.

El arquitecto fue Giovanni Antonio Medrano, coronel de brigada español destinado en Nápoles, y a Angelo Carasal. El diseño original de Medrano incluía una sala de 28,6 metros de largo y 22,5 metros de ancho, con 184 palcos, incluidos los del proscenio, dispuestos en seis pisos. Ya os digo ahora que en cuanto a tamaño, es quizá el más parecido al Liceu, y hasta ahi los parecidos.

Fue inaugurado el 4 de noviembre, onomástica del soberano.

Durante los cuatro primeros años de temporada, se le dio una gran importancia a la danza, que al parecer era muy del gusto del monarca. Pero el siglo XVIII fue la epoca dorada de los castrati, el más famoso de ellos Carlo Broschi, mas conocido como Farinelli. En Napoles triunfaban Caffariello (Gaetano Majorano), alumno de Porpora, uno de los castrati más famosos de su tiempo. , Gizziello (Gioacchino Conti) y Gian Battista Velluti.

En aquellos inicios Napoles contaba con cuatro conservatorios que dieron origen a llamada Escuela Napolitana. El peso de la tradicion musical y la grandiosidad del teatro atrajeron a artistas como Handel, Haydn y un joven Mozart que fascinado por la ciudad «una Napoles que canta y encanta» decidió ambientar el primer acto de su cose fan tutte una “cafetería” histórica de la ciudad. Que no, no podía ser el famoso Gambrinus porque aun no existía.


Grandes nombres de la Escuela Napolitana son Domenico Cimarosa y Giovanni Paisiello a quienes, en 1787, se les encomendó la tarea de «supervisar la Orquesta de San Carlo». Siempre que pronuncio/ escribo estos dos nombres pienso en el querido y añorado Roger Alier.

“La primera impresión es la de haber caído en el palacio de un emperador oriental. Los ojos quedan deslumbrados, el alma embelesada…» (escribió en 1817 Sthendal, el escritor más famoso por la supuesta «enfermedad de belleza» que le provocó su estancia en Italia que por su obra en si misma)

A principios del siglo XIX entra en escena Domenico Barbaja, un famoso empresario napolitano a quien se le atribuye como mal menor la invención del Capuccino. En realidad este hombre tiene un puesto de honor en la historia de la opera o mejor de los teatros de opera. Su nombre aparece en casi todos los grandes teatros muy especialmente en la Scalla, donde además de dirigir el teatro, se hizo con la gestión del juego. Los napolitanos gustan decir que dejó a los milaneses sin blanca. Quiza un poco exagerado, pero lo cierto es que cuando volvió a Napoles revolucionó el San Carlo. Pensemos que en aquel momento era mucho más importe que el teatro milanés.

Durante su etapa encargó óperas a Gaetano Donizetti, que escribió para el teatro obras sin importancia como   Maria Stuarda, Roberto Devereux y la inmortal Lucia di Lammermoor BArbaia también fichó a Vincenzo Bellini y Carl Maria von Weber. En 1815, le ofrece a Gioacchino Rossini un contrato de siete temporadas y el compositor que compuso diez operas para el teatro, entre ellas OteloArmidaMosè in EgittoErmioneLa dama del lago y Maometto secondo. Entre los cantantes de la compañía de Barbaja entre los cantantes que trabajaron para su compañía estaban los mejores quizá la más conocida fue Isaabella Isabella Colbran, que además de gran cantante fue su amante.

Por esa época el teatro es sometida a diversas remodelaciones acercándolo a su aspecto actual, incluido el porche de acceso para carruajes. Lamentablemente el San Carlo como todo buen teatro de opera sufre un incendio devastador y es reconstruido en nueve meses. Entre esto y la primera reconstrucción del Liceu ya cada vez lo tengo más claro. VAMOS PARA ATRAS.

A partir de estos origenes se puede decir que quien haya sido alguien en el mundo de la opera, ya sea con la batuta o con la voz, componiendo o cantando o simplemente aplaudiendo ha tenido su momento en este teatro.

Y lo del aplauso no es baladí. Mi primea ópera en el San Carlo fue un Nabucco, yo venia, esa de un Nabucco en el Liceu. Pues nada que ver. el San Carlo suena diferente y eso tópico de todos los teatro o mejor dicho sus públicos de «la acústica es inmejorable» o «nuestra acústica es una de las mejores el mundo» frases aplicables a cualquier teatro del mundo, grande o pequeño, en el San Carlo es verdad. No he escuchado un Wagner y no puedo decir como sonaría, ni consuegro que maravillosamente, y tiendo a creerle. Pero lo que si puedo afirmar, por experiencia directa en tres ocasiones es que la opera italiana allí suena mucho, muchísimo mejor que en cualquier otro teatro incluyendo la famosa Scalla. Ahora van y me fusilan.

Aunque no os guste la opera os recomiendo la visita guiada cosa que en el San Carlo se puede hacer, cosa que otros teatros/ciudades no, y no señalo a nadie.

Y una curiosidad, en todos los palcos vereis unos grandes espejos, No, no son para ver el palco a modo de retrovisor ni para repasarse el maquillaje, que tambien. Se colocaron así para reflejar la luz de las antorchas (estos teatros son más viejos que la electricidad) y asi aumentar su luminosidad.

Y para terminar, en mi ultima visita asistí a un don Giovanni, delicioso, con los cantantes, como siempre esplendidos, la orquesta en su punto y una puesta en escena de esas que te hacen salir con una sonrisa en los labios.

Aqui una reseña muy completa y acertada del Don Giovanni que tuve el placer de ver.

Aquí la web del teatro

Mas información sobfe la Revolucion Partenopea


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