El lujo en los viajes, a mi modo de ver, no reside tanto en los servicios que brinda el alojamiento, los miles de kilómetros que te separan del supuesto destino idílico, como disponer del tiempo suficiente como para disfrutar de todo eso, con la tranquilidad debido.
Esa tranquilidad que difícilmente se tiene cuando antes de salir de casa una o varias vocecillas a tu espalda preguntan, ¿Cuándo llegaremos?. O cuando arrastras por medio mundo uno, o varios, adolescentes, desgarbados con granos en la nariz cuyo vocabulario no va mucho más allá. «NGE..»
Estas circunstancias y otras se ven enormemente atenuadas con el paso del tiempo. Es decir que normalmente, para disfrutar de los viajes o cualquier otro aspecto de la vida ayuda mucho ser millonario o tener más de 65 años.
Pero aun reuniendo uno o ambos requisitos muchos lo ponen francamente difícil lanzándose a especie de triatlón turística sin mesura. Unos porque si son millonarios es para que se note y se pasan la vida subiendo y bajando de aviones con destinos surrealistas, lo único que cuenta es nadie o casi nadie haya llegado hasta allí. Idéntico problema tienes los retireds que con la primera paga se apuntan a un bombardeo bajo la premisa «ahora que aun podemos»
Así no se puede ir por la vida. al menos yo no puedo.
Nápoles como otras muchas capitales (y no miro a nadie) está sufriendo las consecuencias de los vuelos low cost,en forma de despedidas de soltero con mamarrachadas sexuales en la cabeza. Grupos que llegan en avión o en barco cuyo único objetivo es seguir al de delante sin ver nada.
Nápoles una ciudad de por si es ruidosa, sucia (para que negarlo) y vital, a veces demasiado vital. durante los fines de semana y el verano pasa al nivel de agobiante. Por eso, como siempre, pero en este caso más lo mejor es ir en invierno y nunca en fin de semana. Así con un poco de suerte podréis disfrutar, como yo hice este pasado mes de febrero, de un napoles relativamente tranquilo, sin agobios.
Así se puede visitar lugares que en la lista de prioridades del turismo de masas están un poco lejos, como el museo Diocesano y muy especialmente las dos iglesias de Santa María Donnregina Nuova e Vecchia.

La primera evidencia documental de este lugar se remonta al año 780, en un complejo monástico que se hallaba cerca de las murallas de la ciudad . En en 1293 un violento terremoto destruyó el monasterio . En 1307 María de Hungría, esposa de Carlos II de Anjou, se encargó de la reconstrucción de la iglesia en estilo gótico. Una vez terminadas las obras en 1316, la reina ordenó que su tumba, realizada por el escultor sienés Tino di Camaino y Gagliardo Primario, se colocara en esta iglesia. Uno de los highlights de este monumento
La nave de la iglesia consta de una parte de cuatro tramos sobre pilares octogonales que sostienen el coro de madera de las monjas. El resto de la nave aprovecha toda la altura del edificio, se cierra con un ábside pentagonal con altos y grandes ventanales.
En 1390, cayó un rayo que provocó un grave incendio que destruyó el tejado y alteró los colores de los frescos del coro, al que se accede por una escalera exterior. Estas pinturas, aunque rojizas porque fueron alteradas por el calor de las llamas, constituyen el ciclo del siglo XIV más grande e interesante conservado en Nápoles. Solo por esto ya vale la pena, siempre que la cosa artística te interese un poco, si solo vas por las birras, mejor déjalo aquí.


A estas alturas una ya tiene metida en la cabeza el concepto de iglesia sándwich, construir una encima de otra, lo que aun no había visto, hasta ese día. Es un iglesia detrás de otra.
La visita empieza en la Iglesia Nuova y la Vecchia está justo detrás, y para llegar a ella se accede desde un pequeño/pequeñisimo claustro. Francamente curioso.
Santa Maria Donnaregina Nuova, no tiene nada, nada que ver con la anterior. A principios del siglo XVII las Clarisas decidieron construir una nueva iglesia barroca, más acorde con el gusto de la época, anexando la antigua iglesia gótica al recinto de clausura.
Subiendo la majestuosa escalera puede admirar la exuberante nave de la iglesia, revestida de mármol policromado y la bóveda enteramente decorada al fresco con la Gloria de la Virgen; un fresco de Francesco Solimena que representa el Milagro de las Rosas de San Francisco, sobre el presbiterio, y junto al altar mayor las últimas pinturas del pintor barroco Luca Giordano.
En 1861 el monasterio fue suprimido y las monjas trasladadas a otros lugares. y el complejo destinado a diversos usos. Al mismo tiempo, la apertura de via Duomo provocó la alteración del claustro y del convento.
Entre 1928 y 1934, el superintendente Gino Chierici, con un gran esfuerzo de ingeniería, separó las dos iglesias, desplazando 6 metros el muro del nuevo coro sobre las vías del tren, reconstruyendo la parte faltante del ábside del siglo XIV y recuperándolo. A ver, que esto me lo han explicado y lo he leido , pero sigo sin entender muy bien qué es lo que separaron, si alguien va a visitarlo, que preste atención y me lo explique.

Despues de visitar el Museo, que lo hay, ya era casi hora de comer (horario tempranero) cosa que pudimos hacer en la piazza Gerolomini, habitualmente tan llena de gente que a veces ni la ves.
De allí nos fuimos a un lugar que como poco merece el calificativo de curioso.
Santa Maria delle anime. que es una iglesia, más o menos normal, hasta que bajas las escaleras

A partir de ese momento entras en un mundo extraño, mezcla de leyenda y fe. Repleto de calaveras y huesos de difuntos anónimos unos y otros no tanto. Encontrarás juguetes, fotografias, flores de plastico y otras naturales. Todo girando alrededor de la historia no ratificada de una joven que murió poco despues de su matrimonio. Se supone que una calavera con velo, que hay alli es la de la joven, evidentemente nadie lo va a ratificar.
Estoy hablando de una epoca en la iglesia católica apoyaba, obviamente, el culto a las animas. Sin olvidar que ese culto tambien era una forma de recolectar ofrendas y donaciones. Hasta tal punto que era obligación de todo buen creyente dejar un testamento en el que indicaba la frecuencia de las misas y oraciones en sufragio de su alma, y las dejaba pagadas, claro.
Los pobre no podían dejar misas encargadas y ahí es donde entra la idea del cuidado de esas almas por parte de los vivos.
Desde tiempos inmemoriales, la piedad popular ha cuidado de calaveras sin nombre, identificándolas con las almas del Purgatorio, almas cuyo abandono continuaría incluso en la próxima vida si no fuera por el cuidado de los devotos.
El antiguo culto, que sobrevivió a guerras y hambrunas, se manifiesta con el tiempo en toda su intensidad, hasta el punto de que en 1969 el cardenal Ursi lo prohibió porque estaba demasiado extendido el uso de restos anónimos en lugar de santos. Me temo que no ganó.
Al entrar te piden que no tomes fotografias, estas las he sacado directamente de su web

El dia tranquilo aun tenia muchas horas, y más lugares que visitar, pero lo dejo para otro momento:







