La ropa de estar por casa

La ropa de estar por casa

Hay cosas que pasan, así, de sopetón. Un concepto que, en mi caso, es plenamente vigente cuando hablamos de ropa, por ejemplo, ropa interior. Es un clásico en mi vida, abrir la lavadora y ver como las braguitas que justo el día anterior parecían gozar de plena salud, ahora se han convertido en un tripilla en la que no distingues la pernera de la cintura, eso con las cutres del mercadillo no pasa, pero mi hija es una pesada y yo solo que por no escucharla , anda que me he pasado a las braguitas de algodón superecológico, que son más caras y ahí las tienes hechas una tripilla.

Ese descubrimiento tiene una segunda parte y es que entonces voy al cajón de la ropa interior y OMG, la media docena de braguitas que hace nada tenias allí, correctamente dobladitas al más puro estilo Kondo, ya no existen. En realidad ese problema me lo provoco yo misma porque dese hace años, calcetines, braguitas y sujetadores los compro a base de sopetón, entonces me compro media doce o una docena entera que indefectiblemente perecerán más o menos por las mismas fechas.

Algo parecido sucede con la mal llamada ropa de estar por casa.

Lo primero seria aclarar el concepto «estar por casa» en eso pesa mucho si la casa tiene o no jardín y sobre todo, hasta que punto eres una hiperactivo sin diagnosticar, cual seria el caso. Lo del jardín tiene su importancia porque no es lo mismo sentarte en el sofá haciendo punto de cruz y viendo el programa de la tarde que andar por ahí empujando una carretilla o peleándote con la motosierra.

Por ese motivo mi concepto «estar por casa» esta más cerca de la ropa deportiva/camuflaje/comando marine, que a los diseños loungewear que tanto abundan en Instagram y en la cafetería donde suelo desayunar.

Resumiendo, acabo de llegar del Decathlon. y me he traído unos pantalones, supuestamente de gym, que me servirán hasta que empiece el calor, cosa que igual sucede ya esta tarde, un sujetador llamado deportivo pero que es cómodo y no lleva aros, cuatro camisetas que igual te valen para dormir, como para podar rosales, pasear el perro, cepillar el gato, o llegado el caso, ir al GYM.

Ahora, cuando tenga un ratito arreglaré el cajon del armario donde guardo estas prenda y, ahí viene lo dificil, jubilar lo obsoleto. Pero. ¿Cuándo una prenda es realmente obsoleta?. Cuando las manchas de lejía (de hace un año) ya no se distinguen del resto?. ¿Cuándo la entrepierna ya es transparente por el uso). ¿.Cuando al ponerte el pantalón se te corta la digestión?

Este ultimo caso seria el más fácil de resolver, tijera y trapos o al contenedor de ropa usada. lo de la entrepierna (aplicable también y muy especialmente a pijamas) es más jodido, porque la transparencia suele ser directamente proporcional con la comodidad, en cuanto a las manchas de lejía. ¿Dónde estaban?

Todo esto para decir que hay que saber asumir y aceptar el momento de la obsolescencia, cuando aquello ya no da para más, cuando da vergüenza salir a la calle con el/ella…. Dios! ¿estoy hablando de camisetas de mi misma?

Mejor lo dejo y me voy a preparar la comida.


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