Cosas del super – la sepia

El otro día estaba yo esperando mi turno en la pescadería del super cuando se produjo una situación muy habitual que hasta la fecha no había supuesto mayor problema. La señora que me precedía pidió un par de sepias. «límpiamelas para hacer a la plancha» dijo. Acto seguido la pescadera preguntó, «¿Querrá la tinta?» , «No» respondió la señora «¿Y la melsa?» (para algunos llamada salsa) «No» insistió la señora. Igual que un resorte levanté el brazo y dije «Pues pónmelas a mi».

No es ahora el momento ni el lugar para hablar de las bondades de la melsa/salsa de la sepia para enriquecer multitud de platos, arroces, fideua, suquet. Unas bondades que no todo el mundo sabe valorar y de ahi mi afición al sano y sabroso deporte de «caza» de la melsa ajena un deporte compartida con otras muchas más personas. Pero cual no sería mi sorpresa…. intentaré reproducir la conversación que siguió a mi demanda.

P=pescadera, C=señora compradora, Yo=Yo

P: No, no se la puedo dar.

YO: Porqué
P: Porque no le puedo dar nada que va a la basura.

En ese momento los ojos se me habían abierto como platos y a la señora compradora la mandibulo le cayó sobre el escote. He de aclarar que mi relacion con la pescadera, cuyo nombre omitiré, hasta ese momento era de lo más cordial, no nos ibamos de copas pero me había explicado sus dolores de espalda y otras intimidades que no eran de mi interés .

C= Pero si no está en la basura.

P: No, pero si usted no lo quiere, entonces es para la basura.

Yo: Y la semana pasada no iba a la basura

P: Las normas son las normas.

Si la señora compradora hubiera sido alguna que conociera personalmente le habría pedido que por favor se quedase la melsa y que le pidiera a la protagonista que la pusiera a parte, y así no habría acabado en la basura sino en mi congelador, con lo que su fin habría sido mucho más digno y de paso habría dejado en evidencia a P.

Pero la verdad es que en ese momento mi cerebro colapsó. Después de dos años de pandemia, viviendo un sin fin de situaciones absurdas como ponerte la mascarilla para entrar en la cafetería, quitártelo para tomar el café , volvértela a poner para pagar. Dejar un asiento libre entre mi marido y yo. Que te pongas guantes, que no que no sirven. Que uses gel hidroalcohólico, que no , que para qué. La verdad es que mi capacidad de procesar el absurdo tiene un limite y la pescadería del Sorli de Alella, lo ha superado con creces, he decir que al dia siguiente en el mercadona me lleve tres melsas/salsas y tengo ganas de entrar en otro sorli y ver qué pasa, Que no sería la primera vez que la «tontería» va por barrios.

Mas sobre la melsa/salsa de la sepia

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