Primas hermanas

Esta mañana estaba en la tocinería esperando a que la señora Montserrat acabase su disertación sobre cómo le tenían que cortar el jamón cocido. «.. mira nena me pones 200 gramos, pero 100 me los cortas finitos, finitos. Lo más fino que puedas, sin que no se rompa….» Con estas que ha entrado una señora a la que así, a bote pronto, no he reconocido, no la reconocía yo ni su santa madre, que en gloria esté.

Su llegada a suscitado comentarios del tipo «Hija estás espléndida», «Ya me dirás quién te lo ha hecho» , «¿Quién dice qué es?» esta última era la señora Montserrat.

Mercedes, la protagonista del día y centro de todos los comentarios,  como todas las adictas al lifting tenía los ojos achinados, pómulos sospechosamente aplastados, y cejas en estado de estupor. Pero es que ademas había aprovechado para recauchutar los labios.

Y es que esto de la cirugía es un problema, porque si se nota fatal y si no se nota, entonces ya me dirás para que lo haces.  Aunque el problema gordo de verdad, no es el como sino el cuando. Si empiezas a los sesenta, mejor déjalo correr, porque seguro que se nota. Pero es que si empiezas demasiado pronto corres el riesgo de que acabes como  Isabel, Sesé para los más íntimos, que dentro de nada para sonarse tendrá que sacarse los pendientes.

Quizás por eso cada día son más las mujeres y también los hombres que se decantan por el bottox. Empiezas con un toquecito de nada «... aquí la frente…» y como la cosa funciona, la próxima vez te lo haces poner también en las patas de gallo «… a que se me ven los ojos más grandes…» y ya puestos también alrededor de los labios. Y así, pinchazo va pinchazo viene, hasta donde llegue la Visa.

Total que cuando un día se te presenta el hijo mayor, ese que iba para notarías y te dice que se va a casar con un mulato que para ti quisieras, tú te quedas tan pancha como si allí no pasase nada, con el rostro imperturbable, tanto que ni puedes mover una ceja.

– Tu madre es admirable, hay que ver qué bien se lo ha tomado. No pensaba que fuera tan comprensiva.

Yo en este tema de las arrugas he optado por la tercera vía. Dejando al margen eso de que lo que realmente importa es el interior, la realidad es que al final lo que la gente ve es nuestra carcasa y pasados los años de esa carcasa lo que queda es el recuerdo, casi siempre en forma de foto. Por eso en lugar de estirarme yo, creo que un día que me sobre tiempo, me dedicaré a estirar mis fotos.

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