vuelta a la anormalidad – aeropuerto

Ayer, poco antes de las siete de la mañana, salí de casa con destino al aeropuerto. Tras dos años, dos tormentosos años en Sudamérica mi hija y familia regresan a UK, donde también andan entretenidos, pero de otra manera. En su mudanza ha hecho parada durante unos días en casa, y a eso iba yo a recogerla, a ella, a los niños,7 maletas, tres mochilas y una guitarra. ,

Muy feliz e ilusionada llegue al aeropuerto tras una hora y cuarto de trayecto, lo que en la era Colau y en hora punta se puede considerar todo un récord.

Pero ochenta y cinco minutos, son tiempo, especialmente a primera hora de la mañana, necesitaba ir al servicio, con urgencia. Por ese motivo tan pronto dejé el coche aparcado, en la planta tercera del edificio E ,salí disparada al ascensor, pulse el botón de la planta 2, que es donde están las Llegadas, pero ni caso. Sin perder un segundo, rauda y veloz salí del primer ascensor y me metí el segundo. lo mismo, ni caso.

Sali con intención de ir a otro bloque de ascensores, pero la lejania vi un grupo de personas haciendo lo propio con cara, «esto no funciona».

Como no era cosa de entretenerse en menudencias abrí una puerta y sí ,allí estaba la escalera. Bajé a la planta inferior, abrí la puerta, y me encontré ante un panorama desolador no, lo siguiente. Un pasillo antaño luminoso y reluciente, ahora cubierto por una capa de polvo suciedad y papeles abandonados desde hacía lo menos un año, como las cintas adhesivas que señalaban la puerta acristalada, ahora aun bloqueada y que impedía el acceso al pasillo central donde además de servicios encontraría; un café y a mi familia.

Media vuelta y otra vez a las escaleras, la planta una ya ni lo miré y no me detuve hasta la planta cero, donde durante la pandemia se centraban las llegadas, en unas condiciones indecentes, dicho sea de paso.

Corrí hacia la zona central me metí en un ascensor que sí funcionaba y que me permitió llegar a al segunda planta.

He de decir que todo este recorrido lo tuve que hacer después, en sentido inverso, con niños, maletas, mochilas y guitarra. Pero eso sería más tarda, ahora lo único que señalaba el horizonte de mi futuro inmediato era el rotulo de servicios y para allà que me fuí, He de pensar que durante el ultimo año, pocos fueron los que entraron allí para hacer uso de las instalaciones y menos aun para limpiar, porque al abrir la puerta casi me pareció oir las vocecillas de miles de millones de virus y bacterias saludandome con alegria. «Hola, te estabamos esperando».

Pues nada que llegó mi hija, los niños, las siete maletas, las tres mochilas y la guitarra que, con todo eso bajamos a la planta 0, subimos a la tres y nos largamos para casa.

Moraleja: que el consejo de ministros diga que los aeropuerto vuelven a la normalidad no implica que los de AENA se den por enterados.

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