El pelo, ese maldito pelo

A mi modo de ver, hay ciertas edades que por sus especiales características necesitan o necesitarían de un período de adaptación, tal es el caso de los sesenta, de los que se puede decir cualquier cosa menos que ataquen a traición, porque los sesenta, a diferencia de los treinta o los cuarenta incluso los cincuenta, avisan y de qué manera.

Las canas, las arruguitas/arrugas, ese maldito/s michelín de la cintura que, aunque estés más o menos delgada, sigue ahí agarrado cual garrapata. Los hijos que no solo ya tienen carné de conducir, sino que pronto se lo tendrán que renovar etc. etc.

Resumiendo, un conjunto de pequeños, o no tan pequeños, detalles que avisan de que algo está pasando, algo grave.

En este caso no vale cerrar los ojos y hacerse la desentendida porque  por más que te empeñes en auto convencerte, de que eso de los años no va contigo; no te preocupes, alguien vendrá que te lo hará notar.

Un día, hace de esto unos años,  estaba sentada junto a mi marido haciendo un punto de cruz, algo que ya no puedo hacer porque ni con gafas me veo,  cuando de repente va él y, todo cariño,  me suelta

Nena tienes un pelo…. …Qué?!.…- exclamé…¿donde?...

En estas intervino mi hija, quien hasta aquel  momento había permanecido al margen, echada en la alfombra en animada charla  telefonica con el que entonces aun era su novio, hoy padre de sus hijos/mis nietos.

.Aquí… dijo mi marido señalando el cuerpo del delito.

.¡Ostras!.... exclamó mi hija….Oye te dejo que mi madre tiene un pelo…¿Donde?... me pareció oir que preguntaba mi futuro yerno; hasta ese instante un chico encantador.

La noticia de mi pelo puso en estado de alerta a toda la familia.

Envuelto en una nube de colonia, era viernes noche, el menor de mis hijos salió del baño con el próposito de ver de cerca semejante prodigio de la naturaleza, hasta el informático dejó su caverna para inmortalizar el momento, y es que por aquel entonces aun los tenía en casa.

cómo te atrevas a colgar eso en Internet, olvídate de ser padre... le amenacé.

Bastante ofendida y un mucho cabreada, me fui a baño dispuesta a poner punto final a la existencia de aquel pelo, aquel maldito pelo, que había ido a salir en el único punto de toda la cara donde para verlo, tienes que girar la cabeza a la derecha al tiempo que la inclinas en un ángulo nunca inferior a los 30 grados mientras estiras la piel. Justo allí donde acaba la curvatura de la barbilla y empieza la línea de la mandíbula. Un pelo que nunca antes había estado allí.

Tras varios intentos frustrados de pillarlo, al final me vi en la necesidad de recabar la ayuda de mi hija

.Pero mamá cómo puede ser que no lo veas. ¡Es enorme!

Y ese era uno de los problemas, que sin gafas ya no puedo verlo.

De aquel primer pelo hace ya un montón de años, un tiempo que ha pasado así como mi perra cuando cae un trozo de fuet al suelo.

Ahora ya no me preocupa «el pelo» porque a la que me despisto resulta que no es uno que son más. Nada que un espejo de aumento y unas pinzas no resuelvan,  Pero aquel pelo, aquel maldito pelo marcó un antes y un después, porque fue entonces cuando me di cuenta de que, siendo optimista, ya había recorrido la mitad de mis expectativas vitales y que contrariamente a lo que parece decir la razón el tiempo no corre siempre igual.

Hoy, a petición de una querida amiga y a modo de regalo de aniversario de otra, reedito este post que en su día publiqué y que sigue plenamente vigente, porque el mundo cambia, la humanidad evoluciona pero los pelos siguen saliendo donde mas joden.

4 Comentarios

  1. Oh dear, I can picture this so clearly! My son casually points out what he calls my ‘chin hair’ and then returns to his XBox. Meanwhile, I have to track down my reading glasses so that I can see where the stray hair is. There’s something about being in one’s 50s that brings some unexpected changes (yes, I’ve got that waist problem and no amount of weight loss gets rid of it. Hormones … they have a lot of power!!)

    Have a good Friday – it’s almost the weekend!

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