Carlos Alvarez, mi villano favorito

Son las 23:21 y acabo de zamparme los restos de una fideua que rondaban por la nevera. En razón de la hora, se puede afirmar que no es una cena muy equilibrada que ha merecido un colofón a la altura de la misma, en forma de lionesa de nata de La Sirena. Esta cena ha puesto punto final a una noche casi perfecta. La noche de Otello.

Esta mañana estaba echando un vistazo a los comentarios que gente que conozco y otras que no, habían ido de dejando en Facebook sobre el tan anunciado Otello de Dudamel, conocido así por el exhorbitante precio que en estos últimos días han alcanzado las localidades, las pocas que quedaban a la venta. Como si el sobre coste fuera exclusivamente debido a la participación del aclamado director.

Como suele ser norma, la mayor parte de los comentarios tomaban la forma de queja, independientemente de si los comentaristas hubieran visto o no la obra. Un detalle menor.

Que la orquesta “petaba” mucho. ..

Sí no negaré que en los primeros compases me he asustado al ver el volumen que tomaba la parte de la percusión y metal situados en esta ocasión en el costado “jardí” del teatro. Pero ha sido eso unos primeros compases, después yo no he visto que la orquesta tapase tanto como se quejaban, al contrario la he sentido revitalizante, brillante y un punto eléctrica.

Siquiendo con la orquesta, se quejaban otros de que, las medallas se las lleva Dudamel pero que la piedra la pica día tras día Pons.

Y sí, un poco cierto es. La labor constante del maestro Pons ha hecho posible que ahora un gran director de fama mundial, que prestigia al teatro, como Dudamel (que también ha picado piedra) pueda llegar al Liceu coger la batuta i además de cortarse el dedo con la mampara ,sacar nuevas sonoridades de una orquesta curtida y al tiempo ductil que ha aprendido o dejarse moldear sin perder su esencia. Algo que Pons ha tenido como objetivo desde el principio. Tampoco creo que ni uno ni otro estén mucho por el medallero.

Orquesta al margen, los motivos de quejas eran múltiples, que porqué los visten así de mal, que a qué venia eso de ponerse un vestido de mujer (carlos alvarez) que vaya tontería gastarse tanto dinero (tampoco saben cuanto cuesto, pero eso es otro detalle menor) total para solo dos decorados que encima eran el mismo, o , que porqué han añadido unos compases inexistentes en la partitura, y que a ver qué se supone que hacía Otello pidiendo un baccio, un baccio.. un altro baccio a una Desdemona inexistente.

BAJANADES.

Vamos por partes, los visten como ha decidido la dirección de escena, que no siempre por principio es gente perversa que vive solo para joder al público y ya puestos cargarse la obra del compositor y hacer sufrir a los cantantes. De estos los hay, y aquí los hemos sufrido, pero no es el caso.

La puesta en escena de este Otello, me ha gustado, me ha gustado mucho. Como sabía encontrar la forma de resaltar matices poco explorados del personaje de Otello más allá del típico negro pintado celoso, poniendo el enfasís en la relación de maltrato. Muy intersante la forma como utilizaba los claroscuros , la sensación intima pero no agobiante, como de puertas adentro, y los tan cacareados compases le van muy bien para dar ligazon a la escena y de paso impedir que la gente aplauda tras el aria de la soprano y no romper así el dramatismo que se avecina. Creo que Verdi lo habría aplaudido, pero de momento yo lo aplaudo.

Lo de los cantantes es capitulo a parte, que si este no da la talla, que el otro…. tonterias.

Kunde no es aquel Otello que hace años Domingo más que cantar, bordaba. Pero es un Otello digno, eficaz y empiezo a pensar que incombustible, tampoco vamos sobrados de tenores. Tres cuartos de lo mismo pasa con Stoyanova que lleva un montón de años siendo Desdemona y por mi puede seguir unos cuantos más, sobria elegante y eficaz, hoy me ha emocionado.. Bueno, ultimamente soy de emoción fácil.

Y Carlos Alvarez, mi villano favorito. Me encanta este hombre, Ahora cuando volvia en el coche pensaba que puestos a ponerle un calificativo quizá el que más me gusta es el de creíble.

Habrá otros barítonos “mejores”, tampoco muchos, pero Alvarez es creíble.

Resumiendo que para mi, la ópera como la música, el placer o la vida , es bidireccional. Tu me das, yo recibo; yo me entrego, tú me acoges. La parte buena de la vida, a menudo pide un pequeño esfuerzo. Y la música està ahí.

Una gran noche, una de esas noches que me ahorran psiquiatras y vitaminas.

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