Gilbert Garcin, Poesia en blanco y negro

Entre las vidas que 2020 se llevó por delante hay un nombre que hasta hace muy pocos años no tenía ninguna relevancia, Creo que fue en el 2014 cuando por primera vez oí hablar de él.

En el momento de su muerte Gilbert Garcin tenia 92 años, a esa edad resulta fácil, caer en la tentación de pensar cosas cómo “ya le tocaba” o “bueno, ya habia vivido mucho” y frases parecidas, que refiriendonos a él no son de aplicación. Porque de alguna manera Garcin era un rebelde que se saltó las reglas no establecidas del tiempo.

Nació en 1929 en (La Ciotat) pero su biografia no tuvo nada especial hasta los 65 años cuando por jubilación dejó su trabajo como vendedor de lámparas. Y fue entonces cuando salió a la luz un Garcin artista y no un artista cualquiera. A los 66 años se apuntó a un curso en el Festival Les Rencontres d’Arles y a partir de aquí su vida empezó de nuevo. Cuando el hombre sencillo cerraba su ciclo vital se iniciaba el del artista.

El Salon de Paris Photo de 1998 supuso la entrada en la escena internacional del más que sexagenario monsieur Garcin.

“Comenzar a los 65 años – decía – tiene muchas desventajas, y una sola ventaja: la experiencia vivida”, En lo que vendría a ser un, “nunca es tarde mejor levantarse más temprano”

Garcin trabajaba la fotografia de forma artesanal utilizando herramientas propias del teatro de marionetas, cuerdas, tijeras, pegamento. Recomiendo encarecidamente veáis el documental que adjunto, está en francés pero no es problema. Es fácil reconocer en sus fotografias, de las que mayoritariamente él es protagonista, la obra de artistas como Magritte o Tati, pero no es una burda imitación

En la era de la fotografía digital cuando con el uso y abuso de la tecnología hemos conseguido dejar sin sentido la frase “una imagen vale más que mil palabras”. Encontrarse con la obra de Garcin es hacer un acto de contrición personal, poniendo el valor añadido de lo artesanal y la importancia de “la narrativa” de la imagen