21 días , 21. ¡Qué barbaridad! y lo que me queda, porque una vez terminada mi cuarentena me vi metida de lleno en el confinamiento argentino y suponiendo, que es mucho suponer, que finalmente pueda coger el vuelo que nuevamente tengo reservado, seguro que me encontraré en otra cuarentena, ya sea porque España siga sumergida en el desastre en que está o porque todo haya mejorado mucho por allí y me obliguen a encerrarme en un «por si acaso»
Cada mañana cuando abro la ventana de la habitación de la niña, es curioso en la el niño no me pasa, tengo la clara percepción de vivir atrapada en el día de la marmota pero con calor y mosquitos, pesadísimos por cierto, encima no respetan horarios y son silenciosos como los tigre. Cuando quieres darte cuenta es demasiado tarde y ya te han acribillado.
En un intento por no sucumbir al desánimo he llenado una parte del día con rutinas inexcusables. Me he autonombrado mantenedora de unos mínimos vitales, sin llegar a la obsesión, en cuanto a la limpieza de la casa y la ropa, que en mi caso se ha limitado enormemente .
Por otra parte he decidido que dado que soy la única de los adultos que no ha salido de la casa para nada y que por tanto se me supone libre de contagio vamos a intentar mantenerme así, para si llegado el caso alguno de los cuatro enfermase, quedase alguien que pudiera ocuparse de los niños. Así las cosas empiezo a parecer el conde de Montecristo sin barba.
!PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR!
Porque al final resulta que se paró y ahora , me temo, que ni Mafalda sabría como ponerlo en marcha de nuevo.
Buenas noches







