Encierro día 18 – Y se paró

21 días , 21. ¡Qué barbaridad! y lo que me queda, porque una vez terminada mi cuarentena  me vi metida de lleno en el confinamiento argentino y suponiendo, que es mucho suponer, que finalmente pueda coger el vuelo que nuevamente tengo reservado, seguro que me encontraré en otra cuarentena, ya sea  porque España siga sumergida en el desastre en que está o porque todo haya mejorado mucho por allí y me obliguen a encerrarme en un “por si acaso”

Cada mañana cuando abro la ventana de la habitación de la niña, es curioso en la el niño no me pasa, tengo la clara percepción de vivir atrapada en el día de la marmota pero con calor y mosquitos, pesadísimos por cierto, encima no respetan horarios y son silenciosos como los tigre. Cuando quieres darte cuenta es demasiado tarde y ya te han acribillado.

En un intento por no sucumbir al desánimo he llenado una parte del día con rutinas inexcusables. Me he autonombrado mantenedora de unos mínimos vitales, sin llegar a la obsesión, en cuanto a la limpieza de la casa y la ropa, que en mi caso se ha limitado enormemente .

El tema comida lo llevamos en plan triple concierto de Beethoven unos días mi hija, otros yo, a veces mi yerno y en ocasiones un poco todos. Mi marido suele reservarse el test final,  pero no se lo recrimino él está muy ocupado con los números, los números del trabajo que pintan  como los de cualquiera que tenga negocio propio, fatal y con  las estadísticas.

Él ha nacido para los números a veces pienso que es el idioma que mejor hablar, los usa los conoce, los domina y los entiende. Estos días está  llevando una estadística que, obviamente yo no entiendo, según las cuales hoy se ha atrevido a decir que para el próximo fin de semana Italia andará por los 130.000 o 140.000 contagiados, y España unos pocos menos sobre los 120.000. USA se habrá salido de madre allá por el medio millón y Argentina se quedara en los 2.500 Dentro de una semana lo comprobaremos.

Por otra parte he decidido que dado que soy la única de los adultos que no ha salido de la casa para nada y que por tanto se me supone libre de contagio vamos a intentar mantenerme así, para si llegado el caso alguno de los cuatro enfermase, quedase alguien que pudiera ocuparse de los niños.  Así las cosas empiezo a parecer el conde de Montecristo sin barba.

La verdad es que lo llevo bastante bien, con los dos niños es difícil aburrirse en el sentido de dejarse llevar, porque ellos te arrastran. Pero no negaré que a ratos el gusanillo de la incertidumbre ronronea en mi interior, incertidumbre por tantas y tantas cosas que ni yo ni nadie podemos controlar, que ahora me arrepiento un poco de haber hecho mía en tantas ocasiones aquel grito desesperado de Mafalda

!PAREN EL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR!

Porque al final resulta que se paró y ahora , me temo, que ni Mafalda sabría como ponerlo en marcha de nuevo.

Buenas noches