Cuarentena – día 7 – Vamos chicos, vamos a levantar el pais

A poco de llegar al país un día mi hija me decía: Mamá creo que nunca me acostumbraré a que el tema de conversación de señoras como mi abuela sea el tipo de cambio. Pero pronto te acostumbras a que el repartidor de la confitería (nada que ver con el concepto hispano de confitería)

Pero pronto te acostumbras, porque contrariamente a lo que algunos piensan aqui pierden mas tiempo discutiendo si dolar o euro y no tanto River vs Boca, un tema éste ultimo que no admite discusión, que no acuerdo.

Perder el tiempo es aquí casi una ciencia, o una forma de entender la vida, segun se mire. Un ejemplo: Con buen criterio, la semana pasada, mi hija decidió comprar un congelador de la marca “porsiacaso”. Lo entregaban el viernes por la tarde entre las tres y las cinco, a las seis avisaron por whatsapp (otro tema a tratar) que lamentándolo mucho lo traerían el sábado por la mañana.

Aquí, en Argentina aun no se ha llegado a los niveles de clausura de España. De momento los únicos afectados directos por el virus de marras, somos los pringados que llegamos después del 1 de marzo. Por ese motivo, el sábado por la mañana tanto mi hija como mi yerno salieron a buscar refuerzos para la despensa, no en balde ahora somos dos bocas más que alimentar . Con estas que llaman a la puerta y allí me encuentro un señor en plan armario y detrás un camión .

  • Buenas tardes señora Júlia.
  • Júlia es mi hija.
  • Entonces es usted Leo?
  • No, Leo es la chica que trabaja aquí de lunes a viernes y hoy es sábado
  • Ah! Bien entonces usted no es Júlia.
  • No.
  • Y tampoco es Leo.
  • No
  • ah pues entonces no le puedo entregar el congelador.

Y aquí entra una de las palabras que los argentinos pronuncian con mayor frecuencia, seguridad.

  • . Es que usted no está autorizada y claro, si no está autorizada. No es nada personal, es por seguridad

Después de resaltar la coincidencia de apellidos entre mi hija y yo misma, y tras invertir un tiempo a mi entender excesivo intentando hacerle ver la ridícula imagen de una señora en los sesenta intentando cruzar la seguridad de la entrada cargando un congelador, todo lo que consegui es que fotografiase mi dni i lo enviase via, como no, whatsapp, al encargado para que éste diera la autorización. Como algo ya sé del funcionamiento del país, cerré la puerta y seguí a lo mío.

Quince minutos después me acordé de que en la puerta de casa tenía un camión . Al abrir el repartidor ya no estaba allí sino que estaba sentado en el camión tomándose un mate con su compañero. Un mate que quizá fueron más porque a pesar de mis razonados argumentos, el congelador no bajó del camión hasta unos veinte minutos más tarde cuando mi hija llegó por fin. Porque cuando llegó mi yerno la cosa no cambio porque él tampoco estaba autorizado. Si a eso unes la resignación endémica con que los argentinos afrontan los ciclos de su economía, que aun siendo cíclicos siempre tienden a ir a la baja. Pues como que parece difícil lo de levantar el país.

Mañana aquí cierran las escuelas por lo del coronavirus y supongo que pasará como en todas partes que en vez de juntarse en las escuelas se juntarán en los parques y cómo los padres tienen que trabajar, eso si tienen trabajo, los niños quedaran a cargo de los abuelos . No hay que ser adivino para suponer que dentro de nada la cifra de infectados y muertos se disparará. Miedo me da la capacidad del sistema sanitario para absorber semejante aluvión. En fin, me da que lo contaré en directo.