Cuarentena – dia 6 – el ataque del virus chino

Hete aquí, que estaba yo decidida a dar por concluida mi etapa, larga etapa, como bloguera ocasional, cuando de repente desde china nos viene un virus incontrolado y aquí me tenéis confinada en un barrio del norte de Buenos Aires, con el vuelo de regreso cancelado, sin poder contactar con la compañia aérea y sin tener muy claro mi futuro inmediato.

Así que puestos a invertir el tiempo de la mejor manera y habiendo visto reducido mi campo de actuación al trayecto de la cocina al salón, siendo mi ejercicio subir y bajar las escaleras a la planta superior y gozando con los gustos musicales del vecino porteño .

Así las cosas y en parte por higiene mental he decidido que éste es un buen momento para retomar mis crónicas argentinas, con una gran diferencia. Lo que empezó como una crónica de viaje ahora va a ser una experiencia más intensa, dado que mi hija, aquella que dio pie a las exitosas Crónicas británicas, desde hace unos meses se mudó temporalmente a Argentina, de proporciones gigantescas especialmente visto con ojos de europeo que desde Barcelona y a dos horas de vuelo tiene Londres , por ejemplo y en el trayecto un continuo de casa-ciudad-pueblo- rio-casa-pueblo-ciudad-area de servicio y así en bucle sin fin hasta el tunel del canal.

Argentina, en cambio, más allá de Buenos Aires es una inmensa extensión de terreno, en ocasiones desérticos, otras humedal, siempre sembrado de ganado, vacuno y ovino sin apenas poblaciones. Y así hasta las estribaciones de los Andes donde se encuentra Bariloche una población para mi gusto excesivamente turística y me temo que en temporada alta masificada en exceso. Por allí precisamente estaba yo precisamente hace dos noches cuando el gobierno argentino de los Fernández y Fernández, publicó un DNU, decreto nacional de urgencia , que afectaba directamente a los viajeros que venían de zonas de riesgo que es en lo que, en un tiempo récord, se ha convertido España.

Según he sabido después , se suponía que a mi llegada y de forma totalmente voluntaria “debía” observar una cuarentena preventiva. circunstancia esta de la que ni a la salida de España ni a la llegada a la Argentina, fui informada, y eso aun a pesar de que los funcionarios de migración se tomaron su tiempo en los trámites, más de una hora. Trámites que finalizaron con “páselo lindo señora” frase que por más que analizo no le veo ningún trasfondo que pudiera llevarme a pensar que detrás se escondía un “y ahora vayase a casa de su hija y enciérrese bajo llave”.

Así las cosas, al día siguiente de la DNU nos trasladamos, (estas “crónicas argentinas” las comparto con mi socio vital desde hace una cantidad indecente de años) desde la zona de Bariloche concretamente de Villa Angostura, de vuelta a Buenos Aires.

Trasladarse no es una palabra que en este caso describa lo que en realidad fue una huida a lo Telma y Louise (no queda muy claro quien era quien) .

Una carrera que empezaba comprando billetes a las 11.30 pm para salir a las 6.30 am con la incertidumbre de qué humor se habrá levantado el encargado de dejarte pasar a la zona de embarque.

Porque sí, es verdad, estoy hablando de un vuelo interior en un país cómo Argentina donde los vuelos interiores están más cerca de los viajes en autobús que de la “experiencia de vuelo”. Porque en todas partes pero aquí más, tú puedes promulgar leyes y decretos que al final el poder lo tiene el tipo ese barrigudo que está apalancado detrás de un pequeño mostrador matera en mano. Afortunadamente el tipo era simpático y a su pregunta de : Y de donde son? , y mi respuesta: De Barcelona. Acto seguido dijo aquello tan famoso de: Linda Barcelona, linda. Mi … cuñado/sobrino/hijo… estuvo allí ... Y sin más pudimos emprender viaje, pensando siempre, por Dios que me de tos, porque juro que si se me llega a ir el snack por el agujero equivocado, antes muero que toso.

Y aquí me tenéis , en el momento de escribir esto, bajo una tormenta, como las del Mediterráneo pero a lo grande intentando adivinar , qué entiende el gobierno argentino por confinamiento preventivo y sin saber cuando podré volver a casa, aunque tal como está el patio, no sé yo en qué lado del atlántico situaría guatemala y Guatepeor.