Planchando con La Sexta

Hacía días que mi compañera de plancha no era la sexta. La sexta ni ningun otro canal de televisión, no tenía yo el cuerpo para grandes comunicadores y menos aún para tertulianos descontrolados. Pero, quizá porque a la dentista se le ha ido la mano con la anestesia.

¡Por cierto! ahora  me doy cuenta  que solo a la familia y los muy allegados les he contado lo que me pasó el otro día cuando todo aquello de la proclamación  de la república, que no era proclamación pero que lo parecía y que a pesar de no serlo, aunque lo pareciera acabó con el autoexilio de la mitad del govern, la otra mitad preparando la bolsita para ir a chirona y la población básicamente desconcertada.

Pues ese día estaba yo por allí en tierras británicas, casi al borde de un ataque de nervios, para qué negarlo,  siguiendo los acontecimientos del Parlament, mientras me comía un glorioso, repito glorioso Rabo de buey cocinado por mi hija, cuando de repente me encontré un huesecillo rondando por la boca, sin perder punto de lo que sucedía en casa procedí a retirar el intruso. Pero justo cuando iba a tirarlo con los demas huesecilos, es lo que tiene el rabo de buey, me di cuenta de que algo había cambiado en mi interior, al menos en lo que a la boca se refiere. ¡Coño! me dije, se me había caído la corona de una muela.

No me negaran que es una bella y difícilmente igualable metáfora del estado de salud de la monarquía española.  De una cosa puedo estar segura, este incidente odontológico lo recordaré siempre, mi dentista creo que también.

Pues hoy he ido a ver a Sonia y quizá por la conversación, monólogo más bien dadas las circunstancias; fuera por la anestesia o por la restitución de la monarquía, cuando he vuelto a casa he montado el tinglado de la plancha y le he dado al play.

Allí estaba Antonio G. Ferreras, como siempre comandando la nave del ARV decidiendo qué es noticia y que no, cuando de repente ha aparecido la tradicional “chica de la pantalla”, lo siento pero no sé su nombre. Y entonces es cuando he sentido rabia, mucha rabia; porque hay cosas que dan rabia, mucha rabia.

¿Porqué las presentadoras de informativos, periodistas en su mayoria, han de aparecer siempre subidas a esos elementos de tortura llamados tacones de vértigo?

¿Porqué ha de vestir siempre o casi siempre (salvo excepciones que confirman la regla) falditas que quedan justo por encima de la línea de corte del encuadre de la cámara? ¿Realmente es necesario marcar pechuga para anunciar las decisiones del consejo de ministros?

No hay cadena que se salve, todas caen en el absurdo de convertir a profesionales, seguramente serias, que se han currado la carrera,  en muñecas objeto. Todas sin excepción.

Pero  duele particularmente cuando quien hace esto es una cadena que va de moderna,  seria, responsable, justa y justiciera, una cadena que pretende o dice pretender defender valores fundamentales e irrenunciables, pero que a la hora de la verdad cae, como todas, en el sensacionalismo, la verdad a medias y el menosprecio a la mujer.

[amazon_link asins=’B00HCE7UW8,B004RCNG9O,1549756931,B004RCNGAS,B074BFLQXF,B004Q9TWZ0,1490354131′ template=’ProductCarousel’ store=’estrella0e-21′ marketplace=’ES’ link_id=’a9ad24e7-ce0e-11e7-bb26-bbed6542cd87′]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s