Ayer almorcé con unas amigas de mi quinta, es decir que no todas estamos en un mismo nivel de aceptación de determinadas «cosas»
La típica reunión en la que servidora, a sus años, acaba defendiendo, mas o menos, a los influencers, no a todos.
En general los de mi entorno temporal nos dividimos en los lanzados, esos que se pasan el día en el gim, que se apuntan a un bombardeo, bailan sin parar y los negacionistas, los que solo leen libros en papel, los que todo, o casi todo lo que sale por la pantalla del teléfono es malo, no, peor.
Eso no quita que te bombardeen desde whatsapp (una app que al parecer esta exenta de pecado) con videos, graciosos de gatos, perros, niños o mulatos bailando samba 👀. Esos, a veces yo también los he compartido, tampoco nos pongamos finos
Creo en el progreso, tiendo a ver lo bueno de los avances tecnológicos y defiendo que lo malo de las redes somos nosotros y lo que hacemos con ellas.
Dicho esto, de vez en cuando me encuentro con cosas que me hacen dudar de la cordura de la humanidad. Como por ejemplo el Yoga Chicken. Hacer yoga con varias gallinas pululando a tu alrededor.
Así de entrada y al margen de la gripe aviar, las gallinas son unos animales con plumas y en las plumas inevitablemente hay ácaros. Además, como animalitos que son tienen la mala costumbre de evacuar deshechos por su aparato digestivo. Eso en Instagram, por supuesto, no se ve.
Poco nos pasa. 🐔🐔🐔
Vaya, lo siento, no he sido capaz de volver a encontrar el reel que ha dado origen a este post, pero bueno con estos videos de youtube os hacéis una idea, lastima que falten los comentarios, made in IG
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