Dos veces!, en menos de un mes, no puede ser. El dieciséis de enero compartía con el mundo mundial, que ya ves lo que le puede interesar, que me había quedado clavado, tumbada en el sofá con antiinflamatorios y la esterilla eléctrica , de la toda la vida. Pues esta mañana otra vez, no exactamente lo mismo porque no me he quedado de forma de cuatro pero he tenido que interrumpir mis actividades.
Culpa de la lluvia.
Esta mañana he ido a comprar calcetines abrigaditos porque dentro de poco me voy a UK y al salir, en un charco aceitoso el pie que se va. No me he caído pero el movimiento acrobático no le ha convencido a mi espalda.
No creo que pase a mayores pero me ha fastidiado. En las dos horitas que he estado en plan abuela estropeada he dedicado un ratito al hobby mundial, hacer scroll en Instagram.
En general tengo una buena relación con las redes sociales, solo allà por la época del procés que los haters no sé cómo pero para mi que olían que eras catalana, pensases lo que pensases y te dejaban fina. Fue cuando me salí de twitter, ahora vuelvo pero como si no estuviera.
Instagram es otro rollo, una vez le pillas el truquillo al algoritmo, no haces click en los anuncios y no estas mucho rato mirando las mismas, pues no es solo llevadero, sino que a veces útil. La semana pasada vi a un chino desembozando un inodoro con una bolsa de plástico, que aluciné.
Como decía en mi estado de postración de hace un rato me he entrenido y me ha salido una de esas «agencias inmobiliarias» que no sé si su intención es vender pisos, pero te ríes un montón. Os presento a Juan
Hay unos cuantos Juanes por ahí. También hay la versión «John» pero no llevan el mismo foulard ni llevan gafas de sol en el interior. No os perdáis los comentarios. Entre y sus followers me han ayudado a pasar el voltaren.
Después he pensado que poca broma, que si es capaz, lo dudo, de vender ese piso «lujoso» por un millón y medio. Juan, mándame un privado, que igual hacemos negocio.
Bueno me voy a pasear a Merkel a ver si se acaba de arreglar.







