Durante años uno de mis grandes terrores como madre, (no! no es momentos de un mitin feminista) era que no se estropease la lavadora. Mis hijos eran pequeños o no tan pequeños, hacían deporte, o se cambiaban mucho o ya no eran tan pequeños y llegaba el tiempo de las primeras novias y aquello era una locura, camisas, calzoncillos camisetas que iban solas a la lavadora. En esto he de decir que mi hija era bastante moderada, tenía otras cosas. Pero eso ya pasó, los años pasan, se multiplican las lavanderías y la lavadora, salvo cuando sale andando ha perdido relevancia.
A día de hoy, y desde hace mucho el electrodoméstico con quien mantengo una relación más complicada es el lavavajillas. Yo creo que una parte del problema es que cuando cierras la puerta no sabes qué sucede allí dentro. Entonces piensas si hay neveras con la puerta transparente, esas también mosquean. Si hasta en las secadoras, las de la lavandería, como la funda del edredón se come todo lo encuentra. Porqué no hay lavavajillas que muestren su alma.
Antes de que me salga algún listo y tenga que contestar mails, he encontrado un par pero no son domésticos y no son exactamente lavavajillas. Están pensados para lavar vasos y copas y ahí esta el problema.
Porque en principio teniendo en cuenta que deja «las copas cristalinas, mejor que nuevas» también podría dejar limpio el cristal de la puerta, pero no. Porque en el LV (por abreviar) de casa lo pones todos, cazuelas, platos el bol de los cereales, el plato plástico del todler con papilla enganchada. Es decir allí dentro hay porquería y si quien lo llena, no yo, se cree la publicidad y encima lo pone a la brava, sin enjuagar y casi sin retirar restos, entrando en colisión los conceptos, cubo de la basura y lavavajillas. Ahí la tenemos liada y no hay pastilla 5 efectos que lo arregle.
Que sepáis que lo primero que hace esa maquina infernal es vaciar líquidos, después entra el agua, disuelve el detergente y anda a dar vueltas, con agua, literalmente sucia.
No importa el programa que le pongas el agua es sucia hasta que le da por aclarar cosa que sucede a veces, al cabo de varias horas.
Porque, oiga señora este aparato tiene programa ECO.
A la mierda el programa ECO. Aun ha de nacer ser humano que me convenza de que es más ecológico tener un cacharro enchufado a la red durante tres horas y cincuenta y seis minutos que es lo que dura el mío, antes que agarrar un estropajo y Fairy.
No voy a entrar, de momento, en el penoso diseño del depósito de sal. Eso lo pensó un ingeniero que nunca ha puesto sal en un lavaplatos. en las rayas que dejan en las copas, cuatro de cada cinco veces y en el puñetero filtro. que esta al nivel de dificultad del deposito de sal, con el agravante de que hay que volver a colocarlo bien.
Resumiendo que quizá ya va siendo hora de replantearse ese aparato.
Solo le reconozco una virtud, los plásticos, esos quedan mejor, muy higiénicos ya no me atrevo a decirlo, pero quedan mejor.
Y para terminar, el vaso de arriba esta hecho un asco, cierto. Mañana igual no esta tan mal, o sí, porque nunca se sabe pero sobre todo no me deis consejos. El trasto tiene cal, abrillantador, pastillas, antes de ponerlo en marcha un par de avemarías y al acabar maldiciones. Que no, que eso hay que mejorarlo.
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Una respuesta a «Del lavavajillas y otras obsesiones»
Yo he llegado a lesionarme intentado poner la sal. Eso del lavaplatos es un invento endiablado, pero todos acabamos usandolo.