Nota: este post, originalmente lo publiqué hace la friolera de catorce años, coincidiendo con el inicio de mi etapa de mamá/abuela viajera (lo que hacen los hijos).
¿Porqué lo repesco hoy? Pues porque estaba yo aquí a lo mío, cuando por la radio hablaban de un concierto «navideño» en el paseo de gracia.
Un espectáculo que contará, decían, con unos grupos musicales que no me suenan de nada y un grupo de danza urbana, entre otras lindezas.
Y una que es de las que pone pesebre aunque no vaya a misa ni para un entierro… (bueno hace poco estuve en una boda con misa y bendición papal pero eso es otro tema). Como decía, que a pesar de todo creo en la Navidad. pues he sentido una repentina añoranza de mi primera navidad centroeuropea y el Christmas Tree de Zurich. Ahí os lo dejo.
Una cebolla, eso parezco. Calcetines medias, calcetines más o menos normales. medias térmicas, pantalones, camiseta térmica, jersey cuello alto y polar. Encima anorak, gorro y bufanda.
Equipo que se completa con guantes, máquina de fotos y un largo repertorio de: Joder qué frio hace. Con lo bien que se está en casa…. Frases que hay que pronunciar por lo bajini, porque no es por nada, pero este será el primer invierno de mi hija por estas tierras. así que al mal tiempo buena cara y ayer, nada más llegar. Hala a hacer velas. Sí velas.
Aquí esto de la Navidad se vive muy intensamente y la ciudad está llena de actividades que vinculan a toda la familia, como lo de las velas.
En una plaza cercana al lago, donde habitualmente se instala el mercado de los sábados ahora hay una especie de carpa y dentro unos enormes bidones de cera caliente. Entras allí coges una cuerdecita y venga a sumergirla en cera hasta conseguir una o tantas velas como quieras, cuando te sientes satisfecho con tu obra, la pagas al peso. Algunas velas son de un tamaño considerable y necesitan varios días de trabajo.
¿Te la llevas a casa? No. Muy al estilo suizo la dejas colgada de un clavito y tranquilo que mañana allí estará. Y con el fresquito de la noche estará en su punto para recogerla.
Al salir te puedes tomar un Glühwein que vendria a ser como un cremat catalan o una queimada gallega pero… sin quemar, detalle este que le da una «alegria» especial. Sus ingredientes son básicamente vino, blanco o negro según la región, canela, anís estrellado, piel de limón, clavo y unas cuantas cosas más que se callan, el último que hemos tomado hoy tenía un claro regustito a ron.







El GlühWein es típico en los mercados navideños alemanes y también suizos. Aunque últimamente lo hay en todas partes, hasta en brick en el super. pero eso son moderneces, en realidad lo suyo es tomarlo en lugares como el famoso mercado navideño de la Bahnhof de Zurich, dicho de otra manera el mercado de la estación central, el mercado navideño cubierto más grande de Europa.
Famoso, entre otras cosas, porque en él se instala un árbol de Navidad íntegramente decorado con motivos de Svarovski. Estamos en suiza y aquí hay pasta.
¿Espectacular? Mucho, especialmente cuando lo ves de lejos, al acercarte y entrar al detalle ya ves que los adornos son un poco horterillas, pero quién se va a fijar.
Al salir de la estación aprovechando el tiempo tan «agradable», nos hemos acercado hasta el Singing Christmas Tree , literalmente el Arbol de Navidad cantante o cantarín.
Una estructura decorada con motivos ¡navideños! en el que se instalan un numeroso grupo de niños cantores, bien abrigados.
Niños cantando, arboles decorados, luces, un tranvía cargado de ángeles, papa noel, un vinito caliente, unas velas esperando a que mañana volvamos a sumergirlas en olorosa cera caliente, un frio de tres pares de narices y nieve.
Pues sí,por ahí arriba la Navidad tiene un no sé qué especial.







