Desde la ventana de mi cocina tengo una bonita panorámica del Maresme y al fondo el mar. Desde la distancia, claro, porque según Google Maps, desde mi ventana hasta la orilla, allí donde los niños juegan y los no tan niños disimulan mirando el horizonte mientras se les va un pipí repentino, hay exactamente 4 Km en línea recta.
A partir de ahí tienes la zona donde las motos de agua, habitualmente en numero de tres, y no me preguntéis porqué, se lo pasan pipa, supongo, dando el peñazo todo el día arriba y abajo de El Masnou a Montgat y viceversa.
Un poco más adentro es la zona de las regatas de optimist y otros barcos de vela ligera.
El club Náutico de El Masnou ha dado más de un campeón olímpico.
Mas adentro se ven, especialmente en verano, muchos barcos a vela o motor haciendo «l paserell» como se dice por aquí.
Ya más adentro estaría la zona de los cruceros . Los domingos por la tarde es un no parar, si te apalancas con unos prismáticos estas entretenido para rato, y si no pasa un crucero siempre tienes los aviones que suelen enfilar el aeropuerto desde el noreste, es decir, siguiendo la línea de la costa. En mi parcela visual, llegas a ver a cuatro en fila. Francamente a veces resulta inquietante.
Un inciso, creo que lo he dicho en otras ocasiones, pero es de justicia recordarlo. La llegada a Barcelona en avión a media tarde, por el mar; con el sol poniéndose por el Vallés iluminando los edificios con ese tono anaranjado de la «hora dorada», eso es todo un espectáculo . Después aterrizas y que la suerte te acompañe.
El horizonte de «mi mar» es la zona de los portacontenedores y los que, de noche, se aventuran a «fer el calamar». Lo que vendría a ser pescar o intentarlo.
Ahora hace un año, aproximadamente, aun tenía a los british en casa cuando por el rabillo del ojo, algo llamó mi atención. Y es que no había para menos.
Por mi experiencia náutica, acreditada por lo que sin duda es mi «bestseller» A toda vela, una sabe perfectamente que a un velero le puedes pedir, silencio (si no hay niños) romanticismo (salvo cuando te mareas) y momentos inolvidables (eso seguro)
Pero no le pidas más de ocho o nueve nudos. Bueno si pillas una empopada (viento de popa, de atrás) y te has tomado algo igual llegas a los 14 pero eso ya es una proeza.
No es de extrañar, entonces, que aquella vela (porque era una vela) oscura que cruzó mi campo visual a la velocidad de una motora ibicenca entonadilla, llamase mi atención.
La vela y por supuesto las dos motoras que la seguían … lo primero que pensé fue en cómo tendrían el trasero aquella pobre gente. Porque los del velero, los de la copa «del» américa mas que navegar vuelan, literal.⛵
Qué tienen que ver esos barcos (hasta dudo si llamarlos así) con aquel velero que años ha, compartí con marido, amigos, hijos, perro, hámster. y que dio lugar al libro, con el que mejor lo he pasado escribiendo; pues la verdad es que poco. Más o menos lo mismo que tiene en común un formula uno 🏎️ y mi pequeño E-UP. (eléctrico por cierto)
Sea por curiosidad o porque el mar, aunque no le haga mucho caso, lo tengo ahí enfrente pues mira que sigo la copa américa (del américa).
Igual ahora que los british han vuelto a casa y parece, sólo parece que viene una temporada más tranquila, sin aniversarios, ni familia que se viene a saludar a los de «fuera», igual os cuento cosas de esa competición, al alcance de todos los públicos. eh! igual que la formula uno o un Gran Slam .
Nos vemos.








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