Un oratorio escenificado: la experiencia religiosa convertida en ópera. A partir de esta descripción, del propio Liceu , aceptando «pulpo como animal de compañía». Hablemos de El Mesías de: Handel/Mozart. Y puestos a empezar por algo, hagámoslo por ahí, por la autoría.
¿Hacía falta «retocar» una obra maestra? Yo creo que no, pero eso es una opinión muy personal, además fue un encargo.
Oh! es que el «upgrade» (ayer escuché a un sabio de nueva ola referirse así a la versión mozartiana, como a quien le suben de clase en el vuelo a Nueva York).
A ver básicamente la gran aportación de esta versión es, para quien conozca el idioma, pues que es en alemán. Porque lo de cambiar el órgano por clarinetes y añadir florituras y sobre todo gente, mucha gente , pues tampoco hacia mucha. Al final lo que se aplaude es la música de Handel. A parte de que, a la mayoría de la audiencia, les daba igual que fuera en alemán o inglés porque no rascaban ni uno de los dos.
Hablemos de la gente. El aumento de personal, se nota en la orquesta pero sobre todo en el coro. Handel para mi es una debilidad, como lo es Purcell, entre otros. Una de las cosas que más me atraen de la música de aquel periodo es el tratamiento de los conjuntos vocales. Hablando de El Mesias, del original, no de esos «participativos» que tanto abundan en vísperas de navidad, el coro es reducido.
Aquellos compositores, y los directores que a posteriori han sido fieles a su obra, consiguen elevar la música a unos niveles de belleza y volumen que yo diría que no se han igualado. Y eso lo hacen con literalmente «cuatro y el cabo».
Para muestra os dejo un video cortito de un fragmento de El Mesias interpretado por el conjunto «Les Arts Florisants» para mi, interpretes de cabecera. Fijaos cuantos músicos y cantantes hay en el escenario, lo dicho «cuatro y el cabo». Si miráis por internet encontrareis de todo, pero esta seria de las mas rigurosas.
Pero si ayer tuvimos El Mesias en el escenario de El Liceu no fue por Handel ni por Mozart. El Mesias de ayer era el Mesias de Wilson.
Retomando la idea inicial, por más que se empeñen esto no es una ópera y carece de hilo argumental mas allá de lo religioso. Pero para eso tenemos la creatividad. Así que, al parecer, lo primero que hay que hacer es sacar a El Mesias del angosto entorno de la cristiandad para elevarlo a un nivel místico, algo así como un parsifal. Esta es una de las sesudas justificaciones que he leído por ahí para la puesta en escena.
Analicemos el asunto: E – L – M – E – S – I – A – S.
Por favor que me explique alguien cómo sacas eso del entorno de la cristiandad, dicho por una no creyente.
Supongo que esa pretendida desacralización sirve para, de alguna forma, que no acabé de pillar, dar sentido, por ejemplo a las subidas y bajadas del coro al foso de la orquesta. Al hombre de paja dando saltitos. Quizá también al maniquí decapitado que a sus pies tenía un bogavante, yo pensé que en algún momento tendría protagonismo pero no, allí estuvo quieto hasta que se lo llevaron. Pero el punto culminante llegó con el famoso aleluya, una de esas piezas que junto el himno a la alegría, el nessun dorma, la Casta Diva, las cuatro estaciones de Vivaldi y la arrancada de la quinta de Beethoven, todo el mundo conoce y espera.
Pues ahí es cuando dentro de una puesta escena que tuvo momentos estéticamente espectaculares, basados, sobre todo en la conocida y reconocida maestría de Wilson en el manejo de la luz. Pues ahí va y después del bogavante el maniquí y el hombre de paja Wilson me mete un astronauta de pacotilla, dando vueltas sobre sí mismo cuyo único propósito es dar tema de elucubración al sabio del «upgrade» y distraer la atención del personal de la único que realmente importa, mal que le pese a muchos, la música. Pero también, desmerecer a su propio autor, Wilson. Haciendo bueno aquello de que «lo anecdótico oculta lo sublime»
Los interpretes muy bien en general, la mezzo un poco dormida, me dicen que por arriba no se la oía, Pons muy seguro y el coro, sigo pensando que en demasiadas ocasione le falta alma, eso no quita que ayer en algunos momento especialmente el final estuvieron soberbios
La mejor sin duda Lezhneva, como se dice por aquí de «traca i mocador»
Mas info sobre Julia Lezhneva
Mas sobre Bob Wilson
Mas sobre G.F. Handel







