Racc, cuestión de confianza.

Siempre hay que confiar en algo.

No se si es cierto o fruto de mi imaginación pero de mi pasado remoto, casi infantil, esa frase, u otra parecida la sitúo siempre en boca de mi padre. Y creo que tenia toda la razón. En lo personal hay que saber ganarse la confianza de los demás y al mismo tiempo depositar la nuestra en el médico, la abogada, el peluquero, el callista, la ingeniera pero también en conceptos más abstractos como una marca de cerveza, un arroz, una compañía de seguros, un banco (eso duele) o una institución tan arraigada en catalunya como El RACC.

Soy socia del RACC desde la prehistoria, me ha cambiado ruedas, arrastrado coches al mecánico, le ha llevado gasolina a mi marido en medio de la autopista.

En esa etapa inolvidable en que tienes tres hijos con carnets recién estrenados el RACC era como la virgen de Lourdes, llamabas, y al cabo de un rato el cielo se habría y los arcángeles de amarillo se llevaban la moto y a poder ser también al hijo.

En una ocasión me quedé tirada en el sur de Francia, cerca de Roncesvalles pues allí estuvo el RACC para traerme a mi de vuelta a casa y al coche al mecánico y de allí a un concesionario.

Eso es ganarse la confianza, un trabajo de años que se puede echar a perder en dos horas, que son las que antes de ayer me pasé tirada debajo de un pino, a la salida de una curva, a unos trescientos metros de casa.

El coche llevaba días amenazando y el miércoles murió, aun no sé si del todo.

Empecé llamando al mecánico le doy el parte y el hombre sentencia:

¡HUY! no lo toques, llama al RACC y que me lo traigan y que ni se les ocurra ponerlo en marcha.

La espera al teléfono fue mucho más larga de lo que yo recordaba. Expliqué el motivo de la llamada «necesito una grua». «que le pasa al coche», lo explico, les doy mi ubicación y la del taller y …..

Más o menos, al cabo de una hora aparece un coche de asistencia, de los que ponen en marcha el motor, miran el nivel de aceite o te arreglan un pinchazo pero que no, de ninguna manera puede remolcar un coche de 2000 kg.

Todo lo que hizo aquel hombre que no era demasiado amable, o quizá hacia mucho calor, fue abrir el capo, mirar un tubo porque lo del nivel de aceite al parecer escapaba a sus atribuciones y sin tan siquiera cerrar el capó sentenció que necesitaba una grúa, algo que yo ya sabía, y que él mismo la pedía. A esas alturas yo casi no hablaba, en parte porque tenia la garganta seca pero sobretodo porque si abría la boca igual ya no la cerraba y me lo comía crudo sin patatas.

Obviamente no pidió la grúa, tuve que llamar hasta en tres o quiza fueron cuatro ocasiones al RACC para al final, por diversas fuentes, incluido un señor que buscaba espárragos saber que últimamente el racc funciona así, mal. Simplemente mal.

Porque entre el «usted necesita una grúa», el «no, no tenemos constancia … » y el «el sistema ha fallado». Habían pasado dos horas, sin agua, sin poder ir al lavabo, a la salida de una curva, con ocho yogures Vitalinea natural cremoso y unas sardinas que fueron preciosas en el asiento delantero.

Desde el miércoles he tenido oportunidad de escuchar otras experiencias parecidas que confirman que al RACC le ha sentado mal la pandemia y ya no es lo que era. Que fàcil es perder la confianza

El coche sigue en la UCI.

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