Tempus fugit

Hoy hace siete años, era domingo y el Chelsea jugaba en casa. ¿el virus me ha afectado y ahora me gusta el futbol? No, pero junto al campo del Chelsea esta el chelsea and Westminster Hospital, Alli nació ella, Abril

En estos siete años ha recorrido ya muchos más kilometros que la mayoría de los mortales. La ajetreada vida de sus padres ha hecho que tanto ella como su hermano tengan como lengua materna, por este orden, el ingles, el catalán y que justo ahora empiecen a utilizar con bastante fluidez un curioso español con ecos futbolísticos.

La casualidad ha unido en el calendario, con tan solo tres días de diferencia, los aniversarios del miembro más joven de mi familia y el de la más veterana. Para la primera, eso del paso del tiempo, de momento carece de sentido. Ya llegará el día, y eso sucedera pronto, en que empezará a fijarse metas temporales. Como que papá/mamá le dejen ir sola a algun sitio, cortarse el cabello de una manera determinada no al gusto de mamá, ponerse un piercing en el ombligo, la primera disco, el primer novio, el carnet de conducir y así un sin fin de etapas que te llevan a la vida adulta y lo hace mucho más rápido de lo que estamos dispuestos a aceptar.

Elena, mi suegra, ha pasado muchas de esas etapas, ella diría que todas. El sábado alcanzó la meta de los 90 años y lo ha hecho como corresponde, con las muelas cascadas, las rodillas fatal y una larga serie de achaques más o menos molestos que cómo me dijo en una ocasión, una señora encantadora, que cada mañana fuera verano o invierno se metía en el mar: “¡Huy! pues yo la mar de contenta (decía refiendose a sus achaques) así sé que estoy viva

Estoy segura que Elena preferiria tener las piernas rectas y levantarse del sofá con la agilidad de hace 20 años, que tampoco hace falta ir demasiado atrás.

Donde no tiene ningún problema es en el cabeza, a ella nada se le escapa,. Lo bueno pero tampoco lo malo, que tal como yo lo veo no es tanto ser consciente de que, por una simple cuestión matemática, el punto final está cada día más cerca. Sino cómo afrontar el camino que falta hasta allí.

Tener la cabeza clara significa ser consciente del amor que has dado y del que recibes, pero también de lo débil que eres y nunca fuiste. Tener la cabeza clara te hace tomar conciencia de todas esas pequeñas limitaciones que antes no tenías y ahora te hacen pedir ayuda aunque no quieras. Tener la cabeza clara te hace contar todos y cada uno de los abrazos y besos que en los ultimos tiempos no ha recibido.

Moltes felicitats Elena

Esta fotografia, tan preciosa , la tomó mi cuñada. Este tiempo extraño que vivimos hizo que no pudiera estar allí para fotografiarla, y tampoco para abrazarla.

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