Derecha / Izquierda

image-7Básicamente hay   dos   clases   de   políticos:   políticos   de     derechas   y   políticos   de izquierdas.

Por   su   obviedad   podría   parecer   innecesario   entrar   a   definir   los   conceptos   izquierda   y   derecha.   Pero   que   una   cosa   sea   obvia   no   quiere decir que esté clara.

Pues   por   eso   y   porque   demasiado   a   menudo   lo   que   parece   más   sencillo, acaba   siendo   lo   más   complicado,   es por   lo   que   conviene   dejar las cosas claras desde el principio.

Lo   primero   que   llama   la   atención,   es   que   para   definir   la   palabra   “derecha”,   el diccionario, (el que tenía más a mano)     necesita tres   columnas, mientras que para “izquierda” le basta y casi le sobra una.

Aun   aceptando   que     la   definición     de   “derecha”   incluye   otras   acepciones no ligadas directamente con el tema que nos ocupa, hay   que admitir que un dato siempre es un dato.

Entrando   ya en   las   definiciones,   el   diccionario,   entre   otras   cosas,   dice   que la derecha es:

“lado de   un objeto o cosa material que está situado, con relación a   su parte anterior, como en el hombre el costado derecho en relación   a la cara”.

Mientras   que   para la   palabra   izquierda   da   la siguiente   definición     “costado de un objeto o cosa material que está situado en relación a   su   parte   anterior,   como   en   el   hombre   el   costado   izquierdo   en   relación   a   la   cara”.  Para   terminar   añadiendo   entre   paréntesis   “opuesto a la derecha”.

De lo   que   se desprende que la forma más clara de definir una es en contraposición a la otra.

Pero en realidad y aunque los políticos se empeñen en aparentar lo   contrario, lo cierto es que todo eso de las derechas y las izquierdas   no tiene mayor importancia.

A estas alturas casi todo el mundo está   de acuerdo en   admitir   que las ideologías han muerto y que lo que   cuenta es la práctica.

Así pues, lo que menos ha de preocuparle es el   nombre   que   se   les   dé,   porque   vengan   de   un   lado   o   del   otro,   ideológicamente hablando, a la práctica todos tienden a   converger   en un mismo punto, el centro.

Pero si, cómo   hemos visto, para explicar los conceptos, izquierda y   derecha,   lo   más clarificador     era   utilizar   uno   en   contraposición   al   otro. ¿A qué se puede contraponer el centro?

Pues a nada, porque el centro es, ni más ni menos que:

“el lugar   donde   convergen fuerzas, acciones   diversas, en el que   las   cosas se congregan o del que emanan, proceden o nacen”. Con semejante definición se entiende la pasión, casi desesperación,   que   algunos   manifiestan   por   ocupar   eso   que     se   conoce   como   “espacio de centro”, cuando en realidad el centro   no tiene espacio   porque es sencillamente un punto   “elemento del espacio al que   no   se le atribuye ninguna extensión, sino solamente posición”.

Hete aquí uno de los grandes problemas de la política, que el centro   es tan chiquitín, tan chiquitín, que cabe apenas nadie.

Es decir que cuando se habla de “un político de centro” en realidad   nos   estamos   refiriendo   al   resultado   de   una   simple   adaptación   al   medio y no a un posicionamiento real.

Pero volvamos a lo primario.

 

La Izquierda

Entre los políticos de   izquierdas   podemos   establecer   una primera     distinción

 

  1. a) los históricos
  2. b) los reformadores y
  3. c) los “de pie con el puño en alto”.

 

Dentro de los históricos cabe establecer un segundo nivel entre los   muy históricos, los históricos convencidos y los históricos casuales.

Los   primeros lo   son,   básicamente, en razón de   su   edad.

De   estos,   por motivos obvios,   cada   día van   quedando menos,   en   cambio   de   los históricos convencidos, también conocidos como “generación de   los sesenta/setenta”, los hay y muchos.

Estos   se sitúan   en   la franja de   los sesenta   años pasador de herbor,   y   acostumbran   a   tener   en común unos orígenes humildes, pero no tanto como para   que en su juventud no pudieran acceder a la Universidad. Allí,   en   plena   efervescencia mamaron toda la sabiduría de gente como   Marx,   Engels,   Sartre,   Bakunin   y   Rogelio,   quién   por   aquel   tiempo   encarnaba el   súmmum   de las ideas revolucionarias   en   primero   de   derecho.

Todos ellos, Marx, Engels y   muy   especialmente Rogelio, tenían   en   común estar mal vistos por el Régimen, cosa que así de entrada ya   tenía su gracia.

A falta de mejores alicientes, antes de acabar el primer trimestre ya   andaban por las calles defendiendo sus ideas a base de pintadas y   corriendo   como   unos   desesperados delante   de   los   “grises”.

Hasta   que   un   día,   tal   vez   porque   habían   comido   demasiado   o   porque   aquel tipo corría que se las pelaba, los acabaron pillando, y antes de   que   pudieran   darse   cuenta   de   lo   que   estaba   pasando,   ellos,   sus   tejanos;   sus melenas   y sus botes   de   pintura (en   aquel   tiempo eso   del spray aún no se había popularizado) fueron a parar a comisaría.

Al   principio,   aquella   ficha policial   fue   un   auténtico   quebradero   de   cabeza especialmente para sus padres que albergaban la esperanza   de que algún   día el niño asentará la cabeza y   acabase preparando   notarías.

Pero,   mira tú   por   donde,   con   el   paso   de   los años, aquella misma   ficha   acabó   siendo   su   mejor   aval,   a   falta   de   otros   mejores,     y   muchos   de   ellos gracias   a   esos   antecedentes   acabaron   ocupando   cargos   importantes   dentro   del   partido   y   por   consecuencia   en   el   gobierno.

Idéntico resultado   final obtuvieron   los históricos   casuales,   aunque   sus planteamientos   de   partida eran otros, que   podríamos resumir     de la siguiente forma:

. Él/ella.

Si   la   pareja   objeto   de   deseo   era   de   izquierdas,   motivo   más   que   suficiente como para leerse el Capital, pasarse las noches en blanco   escuchando   la Pirenaica   o   montarse   una   comuna en la trastienda   del colmado.

. El Levi’s.

Porque sin Levi’s ni Lacoste que echarse por   encima, sin Mini o un   mal 850 donde montárselo, no les quedaba otro   camino para ligar   que el de la belleza interior por la vía de la intelectualidad, que de   largo funciona mejor cuando viene del lado de la izquierda.   Y cómo no.

. El futbol.

Porque si todos los del equipo lo eran, ellos no podían ser menos.

Con   el   paso   de   los   años,   unos   y   otros   acabaron   por   evolucionar   engrosando   así   las filas   de   los “reformadores de la izquierda”   que   partiendo   de   unos   mismos   o   parecidos   orígenes,   por   el   camino   supieron   dar   con   la   fórmula   idónea   para   cambiar   la   camisa   de   franela por   el vestido de Hermenegildo Zegna y   el dos caballos por   el BMV. Porque ya se sabe que los tiempos cambian y las personas   evolucionan, aunque no todos.

Los “de pie con el puño en alto”, mantienen una línea de coherencia   y fidelidad a sus principios, digna de ser   elogiada; más aún cuando   una vez   finiquitado el período comunista, de la noche a la mañana,   se encontraron   sin modelos a seguir, y   la verdad es que mantener   una ideología   y   unos   principios   cuando   los que   se   los   inventaron   hace tiempo   que   cerraron   el   chiringuito,   resulta extremadamente   difícil y por ello más meritorio.

Pero esto a ellos no parece   importarles.   Para ellos las ideas son   lo   único   que   importa.   Unas ideas   que   defiende   a base de   eslóganes   obsoletos,   algún   que   otro   exabrupto   y   una   considerable   dosis   de frustración porque en el fondo, son plenamente conscientes de que   su gran problema es haber nacido a destiempo.

La derecha

Lamentablemente el muestrario de los políticos de derechas no es   tan lucido.

Por una parte tenemos a los históricos, que al igual que pasaba con   los históricos de la izquierda, cada día van quedando menos, ya sea   por   ley   de   vida   o   porque,   tras   un   proceso   de   profunda   introspección,   en   su   momento   llegaron   a   la   conclusión   de   que   lo   mejor   que   podían   hacer,   por   el   bien   del   país   pero   muy   especialmente por el suyo   propio,   era iniciar   un proceso   evolutivo   de   gran   calado,   que en   algunos casos   les   llevó   a   fundar   partidos   profundamente   democráticos   a   los   que   se   entraba   por   estricta   recomendación.

Afortunadamente la derecha cuenta con “los chicos que prometen”   que   acostumbran   a   ser   hijos   de   buena   familia,   han   estudiado   la   secundaria en los Jesuitas y el bachillerato en el extranjero.   De   cosas como   la   precariedad   laboral     o   el   paro,   solo   saben   por   referencias.

Son más o menos jóvenes, tienen ganas, mucha prisa por subir y por   eso prometen lo que pueden prometer y lo que no pueden también   lo prometen;   porque prometer que no quede.

A partir de aquí todo político que no encaje exactamente con estos   modelos, pertenece al grupo de los otros, de largo el más numeroso   y   surtido.   Entre   ellos,   por   su   número   y   repercusión   a   todos   los   niveles, cabe destacar a

Los nacionalistas

Tal como   está dibujado   el mapa político   de este   país   y   debido   en   parte a la complicada aritmética parlamentaria muchos partidos se   vieron   en   la   necesidad   de   abrir   sus   correspondientes   sucursales   autonómicas.

Pero   eso   de ir de sucursal no   es cosa que agrade   a todos,   los hay   que prefieren ir por libre y montarse la barraca por su cuenta, estos   conforman el grupo de los nacionalistas.

Independientemente de la base ideológica con que se identifiquen y   la nacionalidad de procedencia, la gran diferencia entre ellos, reside   en la forma como ponen de manifiesto su sentimiento nacional y el   énfasis con que lo hacen.

Partiendo de estos parámetros, los nacionalistas pueden clasificarse   como los Bricks de leche: entera, semi y desnatada.

Los primeros son aquellos que, para defender sus posiciones, tienen   tantos argumentos y tan densos que con el paso del tiempo acaban   siendo perjudiciales para la salud. Tal sería el caso de los llamados   independentistas,   sin   duda   los   menos   sucursalistas   de   los   no   sucursalistas.

En el grupo de los nacionalistas desnatados se englobaría un amplio   conjunto de políticos que no constituyen   una especie en sí mismos   ya que en realidad     sus sentimientos patrios no van más allá de la   simple adaptación   al medio, fruto de la matemática parlamentaria   que   es   la   que,   en   un   momento   dado,   les   hace   aflorar   sus   sentimientos   más   profundos.   Tan   profundos   que   hasta   ese   momento ni ellos mismos conocían.

Entre   estos   cabe   destacar   los   nacionalistas   interesados,   también   llamados nacionalistas íntimos que    mantienen   las manifestaciones   de su   sentimiento patriótico limitadas al ámbito   más íntimo en un   círculo   de   relación   extremadamente   reducido,   de   manera   que   cuando estos sentimientos afloran la sorpresa es mayúscula.   Cuando   este despertar   patrio   tiene lugar     por ejemplo,   un   11   de   septiembre en Catalunya o en un encuentro de aizcolaris en Bilbao   es cuando al nacionalista desnatado además de íntimo e interesado   se le añade el atributo de folclórico.

Por   último,   dentro   de   este   grupo,   debemos   señalar   también     a     aquellos   políticos   que   no   son   ni   muy   nacionalistas   ni   demasiado   poco,   los   semi,   que   tienen   como   principal   característica   estar   siempre a   bien   con   todo   el   mundo   y   por   tanto   ser   criticados   por   todos.

En   abierta competencia con los nacionalistas, por lo que hace a su   número,   se sitúan   los   “cómo   quien   no   quiere la   cosa”,   un   grupo   mucho   más   numeroso   de   lo   que   cabría imaginar   y   que   posee   la   curiosa habilidad de ir pasando, evolucionando dirían   ellos, de una   línea   de   pensamiento   cercana   al   comunismo   hasta   la   derecha   de   más   a la derecha   y   viceversa.   Y   eso   lo   hacen   así,   como   quien   no   quiere la cosa, sin que se les caiga la cara de vergüenza y lo que es   aún más sorprendente sin que nadie se lo eche en cara. Para cerrar   este apartado,   y   a título   meramente   anecdótico,   cabe   referirse   a   los   minimalistas.   Que   tienen   como   principal   y   única   característica   la   escasa   dimensión   de   su   proyecto   que   suele   ser   directamente proporcional a lo exiguo de su presupuesto.

Pero   independientemente   del   lugar   que   ocupen   dentro   del   arco   parlamentario,   la principal característica   de   los políticos     es   que,   igual que sucede con los turistas, las ovejas y muchos insectos, ellos   tampoco   acostumbran   a   actuar   como   unidades   aisladas,   sino   que   tienden   a   unirse   formando   grupos,   que   en   este   caso,   reciben   el   nombre   de   partidos   que es   a   donde   hay   que   llegar   si   se   quiere   entrar en política.
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