Hace ya un montón de años que Sant Jordi dejó de interesarme. Y la verdad es que me duele, pero por más que lo intento no sé ver en este fenómeno de masas de hoy, aquel Sant Jordi de antes . Cuando las mañanas eran el tiempo de los escolares, todos sujetos por una cuerda y escoltados por unas maestras tan agobiadas como ilusionadas, porque ese tambien era un poco su dia, el de las rosas hechas con “gomets” rojos, los dibujos de dragones y al terminar la jornada, una rosa.
Una rosa con nombre de padre, hermano, amigo, marido, hijo. Una rosa con nombre y apellidos y aun con olor. Quien sabe igual comprada en la Rambla de les flors, cuando allí aun habían flores.
Pero este año ha sido diferente, este año Sant Jordi lllevaba lunido otro nombre, el de mi amigo Marc Balcells. Una rara avis que un día decidió dedicar su vida, a parte de la ópera, su gran pasión, al mundo de la criminologia.
Pero no esa de asesinatos y demás, sino a una especialidad lamentablemente muy desconocida, pero desde mi punto de vista tan interesante como necesaria.
El es especialista en esos lladrones, a veces de guante blanco, otras de pico y pala, que igual trafican cuadros en una lujosa sala de subasta o buscan tesoros olvidados del pasado remoto en un olivar de la Campania.
Ese es el mundo de mi amigo Marc, con permiso dell Bel Canto. Ese es el mundo de mi amigo Marc. De momento su libro Arqueomafia ha sido publicado en catalán pero no dudo que algún dia llegará a un público mayor.
Ayer fue su dia, ayer fue su primer Sant Jordi, el lunes pude desearle lo y estoy segura de que así fue.
Gracias a él he revivido, al menos por un día los nervios, y la ilusión de ese Sant Jordi, con aires de primer dia de escuela,
Enhorabona Marc.








