Bebé reborn – Lohengrin

Bebé reborn – Lohengrin

Una de las escenas más comentadas del último Lohengrin del Liceu, a parte de la niña pintarrajeada, el héroe maltratador, y el pollo/cisne mecánico fue sin duda la última escena, un colofón casi perfecto para el aquelarre que se montó la bisnieta.

La escena, era la siguiente. Aparecen por el costado «ramblas», dos mujeres en lo que vendría a ser una madre y una abuela, una lleva algo en las manos. Ese algo es una mantita que cubre un bebé, bebé de carne y hueso y unos cinco o seis meses de edad. En el punto medio del escenario, que me permito recordar mide 15 metros de ancho, las dos mujeres se detienen y dejan al bebe, sobre la mantita (todo un detalle) solo, completamente solo, mientras ellas desaparecen de escena por el lado opuesto, al mismo tiempo y casi coincidiendo con los inevitables, lógicos y esperados (por la bisnieta) llantos de la criatura, el telón baja y el escenario queda a oscuras. Y el bebé llorando.

Dejando al margen el pequeño detalle de que si le hago esto a un nieto acabo en la comisaria, tan difícil era poner una grabación y por ejemplo usar un bebé reborn.

Según tengo entendido estos muñecos tienen su origen en Alemania. En un principio se fabricaban con piezas reutilizadas de muñecas, dándole sentido a su condición de reborn o “renacer”. Eso no tiene nada que ver con lo que actualmente se entiende por bebé reborn.

Se me hace muy difícil considerar eso un juguete y supongo que el precio tampoco ayuda. Se trata de muñecos hiperrealistas, tanto en su diseño, como por incorporar elementos como cabello real, sistema de respiración y otras características como pestañas, peso y muy especialmente, el tacto.  

Su mercado no son las niñas sino personas adultas, mayoritariamente mujeres que los coleccionan como quien colecciona coches. No sé si estas son la mayoría, lo que si es cierto es que muchas de las personas que los compran son parejas que han perdido hijos, que llegan a pedir reproducciones fidedignas del bebé perdido. Francamente yo lo encuentro casi macabro.

Dicen, algunos defensores de esos, no sé muy bien cómo llamarlos, que son muy útiles en determinadas terapias. Dicen que ayuda a mantener practicas habituales en los enfermos de Alzheimer, que da sensación de alivio en casos de ansiedad. Mejor no opino.

Los hay baratillos que podrían costas entre 100 y 200 euros. Pero los reborn de verdad, esos que respiran, tienen cabello natural y pestañas y otras sofisticaciones, esos se van a los mil euros y más allá.

La verdad es que la primera vez que oí hablar de ellos me pareció algo inútil y francamente inquietante, pero mira tu por donde en Lohengrin, yo, lo hubiera agradecido, aunque la verdad fuera bebé o muñeco, sigo sin saber qué pintaba allí en medio.

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