Me gusta La Fenice. Me gusta a pesar de su exagerado barroquismo que en algunos momentos recuerda la idea que una tiene de la salita de una venerable viuda británica votante a favor del Brexit, y amante de los juegos de té de fina porcelana, los papeles pintados, y los silloncitos todo repleto de flores, como las sus minusculos pero muy cuidados, a la inglesa, jardincito. Las butacas de platea de la Fenize, en las que no te puedese sentar si mides más de un metro ochenta, son tan pastel que casi inspiran ternura. El palco del doge de un abigarrado que empacha. El relof del proscenio, que ya me dirás a quien se le ocurrió poner un reloj allí.
Solo he estado dos veces en función pero seguro que alguna más caera, porque Venecia tiene eso que sabe a poco, al menos a mí. Claro que siempre he ido más o menos a destiempo, tiemblo solo de pensar en como será en verano.
Desde mi ultima visita, de eso hace unos años, la cosa ha cambiado.

En el baño encontré a una señora alemana que cambiaba el pantalón de chandal por uno de crepe o algo parecido y las bambas por un zapato de tacón, el sobrante fue a parar a una mochila en guardarropia.
Ayer vi menos trajes que hace unos años y por supuesto una vez mas confirmé que la corbata está herida de muerte. Cómo no, vi algún vestido largo, justo al lado de más de un jean, todo ello aderezado con…






Porque el martes aún era carnaval.
Por fortuna la ópera no era una tragedia romántica ni una sesuda composición wagneriana. que me temo no habrían encajado con nuestro viejo amigo el óboe/dinosaurio.
Pocas obras más acorde con ese ambiente, que una comedia de enredo que es lo que en el fondo es Il Barbiere, una ópera entretenida, donde nadie muere y un argumento que se entiende. Si a eso le añades la profesionalidad, que no el renombre, de los interpretes, el buen oficio de los músicos, una puesta escena correcta, respetuosa con musicos, coro y solistas, sin aspiraciones de trascender en la historia de la ópera (La Fenice y sus dimensiones no admiten muchos experimentos). Pues eso, que sales de allí feliz y encantado de la vida.
Por eso digo que probablemente, en el futuro, caerá otra Fenice.
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