Petit Liceu

El pasado viernes hice realidad, no diré un sueño porque sería exagerado, pero si una ilusión. Llevar por primera vez a mis peques al Liceu. Por primera vez coincidía, más o menos, una de sus estancias en BCN con una representación para público infantil. El más o menos, es porque tuve que echar manos de mis amistades para poder asistir a una función escolar, cerrada al público general.

Personalmente habría preferido que ese su estreno operístico hubiera sido con, por ejemplo, Los músicos de Bremen

O cómo no! la magia de Camile Saint Saens puesta al servicio de los críos con el Carnaval dels animals.

Pero el apretado calendario de mis pequeñajos no da para muchos lujos y su estreno operístico vino de la mano de Wolfram Amadeus Mozart y su siempre incomprendida e incomprensible Flauta mágica. Una opera que cuesta explicar a un adulto pues imaginaos a un chaval de 5 años, esa fue la parte dura, durísima de la función que le tocó en suerte a mi cuñada la super Tieta Mercè que sin tener idea de Mozart ni de la Masoneria ni Zoroastro ni de inglés logró hacer un resumen lo bastante acertado y atrayente como para que Lluc quedase lo bastante satisfecho con sus explicaciones como para mantener su atención durante la hora y pico que dura la función. Gràcies tieta.

Capítulo aparte merece Abril que con sus cuatro años tiene una relación muy especial con la música, a parte de cantar a voz en grito canciones de Queen, tener machacada a su madre con las “arias” de Moana y tener un amplio repertorio navideño, todo con su acento british, no por nada la llamo Milady. De repente ante la música literalmente entra en trance, no pregunta; no dice, sólo se deja ir y escucha. Esta niña no lo sabe pero va para wagneriana.

Pero no es del futuro musical de los enanos de lo que quería hablar sino del papel de los maestros.

En muchas ocasiones he dicho, defendido y argumentado que en este país, a diferencia de lo que sucede en otros lugares, no se respeta y por supuesto no se valora el trabajo de los maestros.

La sociedad actual, sino toda, sí una buena parte, parecen haber olvidado aquello de que la escuela enseña y la familia educada y se han limitado a delegar el peso global de la educación en unos profesores, a menudo mal pagados y poco reconocidos aunque también los hay que no disimulan para nada su falta de interés por el producto que tienen entre manos, nuestros hijos/nietos, en definitiva nuestro futuro.

El otro día en el Liceu pude contemplar las dos caras de la moneda.

Eran muchas las escuelas que llenaban el teatro, pero hubo dos que llamaron mi atención. Una por como entraron los niños, como se comportaron durante toda la representación, pero sobretodo por como se comportaron los maestros, durante todo el tiempo pendientes de que los niños no se desmadrasen, cosa que no hicieron.

No muy lejos había otra escuela, el ratio alumnos profesores era mejor, porque para un numero parecido de alumnos llevaban dos profesores más, cosa que he de decir yo no descubrí hasta el final, cuando dos profesores que habían pasado toda la función de tertulia en un palco se dignaron bajar a la arena, donde les esperaban un grupo incontrolado de chavales que se habían pasado el rato de tertulia, cada vez más sonora, dándose collejas de una filas a otras, tirándose papelitos y objetos varios unos a otros.

Nadie les controlaba, os preguntareis, pues si una profesora situada en el final de una de las filas, mucho más concentrada en la función que en el lamentable espectáculo que ofrecían sus alumnos y otra profesora mucho más joven, que sentada entre los alumnos, parecía totalmente ajena al mundo exterior obviamente mucho menos interesante que lo que fuera que estuviera pasando en su teléfono.

Si mis pequeñajos estudiasen aquí quizá me habría interesado por saber los nombres de ambas escuelas, pero afortunadamente mis chavales hoy por hoy están creciendo en un pais donde a los niños, a todos los niños, se les enseñan cosas tan demodées como saludar al entrar, a estar callados, cuando hay que estarlo, a dejar el asiento libre del autobús cuando entra no ya una anciana, una embarazada o una persona con dificultades, simplemente cuando entra alguien mayor que ellos. Llámenme anticuada, pero es tan facil enseñar esas cosas desde pequeños, y no hace falta grandes esfuerzos, en estas materias, la mejor escuela es el ejemplo, el que damos padres, abuelos y muy especialmente profesores.

Moltes gràcies, Gemma moltes gràcies Mercè .

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