Desde hace unos años, liberados ya desde hace mucho de los horarios escolares mi marido y yo solemos escaparnos unos días antes de semana santa, es decir hoy que todos se van yo ya estoy en casa, alguna ventaja tiene esto de la «prejubilación», prejubilación temporal que no de la otra porque lo que soy yo sigo y seguiré pagando y así durante mucho tiempo sin tener muy claro si algun día cobraré; pero eso es otro tema.
A pesar de que nunca cogemos el punto álgido de la semana santa casi siempre pillamos alguna procesión pero este año no ha sido así. Por eso, esta mañana, cuando me he sentado a desayunar y me he dado cuenta de que me había dejado el Ipad en mi mesa (total cuatro pasos pero esta mañana parecían cientos) he optado por amenizar el desayuno con la tele, le he dado al mando y patapam, allí me he encontrado con una procesión en Murcia.
Por lo poco que he visto la semana santa murciana tiene algunas particularidades interesantes, ahora es cuando me dicen aquello de que «la mía más» bueno vale, la mía también tiene sus particularidades, la principal por notoria que salvo muy honrosas excepciones el grueso de la gente aquí en catalunya lo que hace es irse de vacaciones, si puede.
A lo que iba, en Murcia tiene una particularidad muy notoria el vestido de los nazarenos o mayordomos que al parecer por lo que he leido está inspirado en el traje típico de la huerta.
En casos como este es cuando se agradece mucho tener a mano alguien de la región que te explique el como y el porqué de esta indumentaria cosa que sin duda harán los murcianos cuando les viene un amigo de fuera, porque aunque no pongo en duda que ellos lo viven con emoción, lo cierto es que objetivamente y así desde muy afuera, ver al tío paco luciendo enaguas pues como que resulta en si mismo un tanto irreverente.
Pero la semana santa tiene eso una mezcla, a menudo extraña de folklore, show turístico y fe, que la hay, mezclada con un punto de «siempre se ha hecho así» o el «una cosa es ir a misa y otra la semana santa».
Porque la semana santa en muchos casos no es cosa de un par de semanas sino de casi todo el año, ser miembro de una cofradía, hermandad o como quiera que la llamen en las diferentes poblaciones, es el ser o no ser dentro de la comunidad, y entiendo que aunque solo sea por tradición familiar llevar a hombros un paso tiene que ser un orgullo, lo que no es excluyente con que antes se tomen unos vinos para calentar el cuerpo y al acabar se vayan con los amigos procurando no manchar el capirote, como dijo aquel «lo cortés no quita lo valiente» ni la religión unas buenas tapas.
Ahí en lo social más que en lo religioso es donde yo, desde mi punto de vista, encajo más fácilmente, los zapatos de tacón, las peinetas y los niños vestidos de nazarenos, con su crucecita a cuestas y todo.
Muchos por aquí dirán que estoy es una manipulación de los niños y tal y cual… yo no lo veo tan distinto a los míos dandole bastonazos a un tió y desde luego mucho menos irreverente que poner un señor defecando en un belén.
Recuero una ocasión en que, ya noche cerrada, casi me di de bruces con un paso gigantesco en una callejuela de Toledo, después de volver sobre mis pasos, no había otra opción, pude ver como el paso se detenía en una plazoleta, para después enfilar una esquina aun más estrecha y empinada. Cuando tras los tres golpes (seguro que tiene un nombre científico) de rigor el pasó se volvió a alzar, yo aplaudí como todos y casi me emocioné.
¿Fue esa emoción fruto de una revelación divina?, lo dudo porque a día de hoy aun no he notado nada especial, yo creo que fue una reacción mimética con el entorno y es que en esto como en todo, el contexto es muy importante, por eso a los profanos como yo nos cuesta tanto digerir , que a veinte metros de donde una señora rasga el silencio con una saeta, te encuentres con esto.

Y es que las cosas en su contexto tiene un valor que pierden irremediablemente cuando las sacas de ahí, quizá por eso me impactó tanto una escena que viví no recuerdo exactamente donde pero allá por tierras de Castilla.
Habíamos aparcado el coche junto a una iglesia, de esa población que no recuerdo. La puerta principal estaba cerrada pero mi marido, que tiene un agracia especial para esto, vio una puerta lateral abierta y para allá que se metió, y yo detrás.
Me dirán que es una tontería pero me impacto mucho encontrarme de repente ante una virgen desnuda, todo lo desnuda que puede estar una virgen procesional. Muchos ya saben lo que es y más aun como es, pero me temo que mucha gente esa en el tema tan pez como yo, pues para ellos va esta somera explicación.
Aquella virgen procesional de esa población de cuyo nombre casi prefiero no acordarme, consistía en una especie de miriñaque.

Algo parecido a eso de arriba pero que en lugar de un maniquí lo que tenia en el centro era un palo, que a la altura de lo que vendrían a ser los hombros tenia una cruceta con dos almohadas pequeñas atadas a los extremos sujetas al palo con cinta americana. Los brazos, que en aquel momento estaban en el suelo sobre una toalla de playa de color fucsia, eran dos palos articulados con una bisagra, por donde andaría el codo y en la punta unos guantes rellenos de algo para darles volumen. El conjunto se remataba con una cabeza con cuello, dicho en lenguaje popular estaba delante de lo que vendría a definirse como «una cabeza pichá en un palo».
Después de aquello me ha resultado mucho más difícil ver la semana santa como algo más allá de un espectáculo; que me falla la fe, por supuesto y más que me falla cuando «veo» otras manifestaciones de esa fe aun más descabelladas, porque esto de las virgenes al fin y al cabo tiene su lado folklórico en cambio los empalaos de Valverde de la Vera o los picaos de San Vicente de Sonsierra, son otra historia, una historia que en el segundo caso resulta peligrosamente similar a l’Ashura islàmica, unos rezan a cristo y los otros a Alá pero a pesar de las diferencias lingüísticas hablan idiomas parecidos.
Que no, que no, que no entiendo ni quiero entender ese tipo de cosas.
Si algún día en un futuro lejano, por aquello de la debilidad senil y la proximidad del punto final, me veo en la necesidad de manifestar mi fe ciega por algún tipo de creencia más o menos religiosa, me buscaré algo un poco mas espiritual o que caso de precisar de un soporte físico, éste sea algo más digno pero sobretodo, y esto es lo más importante, que no me hagan perder el norte ni olvidar quien soy ni porqué soy como soy.
Nota: sí, ya me he dado cuenta de que esta foto la utilicé hace años. por estas fechas, pero es que pega tan bien con el espíritu de la semana santa. Además los zapatos eran de impresión.






