Una de las cosas más llamativas de suiza no es el índice de Bancos por metro cuadrado, que ya os digo que no son tantos hay más en Andorra, al menos así que se vean, porque sabido es que la gracia de los bancos suizos es la discreción. Con Barcenas en la cárcel, ¿sigue allí verdad? se ha perdido el aliciente de cruzarse con él zampándose una cervela (salchicha nacional suiza) hacerle una foto y venderla a algún periódico.
Así que a día de hoy el gran atractivo de Suiza al menos para los que no tenemos una contabilidad paralela, no somos tesoreros de partido alguno ni presidentes de club de futbol. El gran atractivo de Suiza, ha sido; es y seguirá siendo su paisaje, sus gigantescos; desmesurados, desbordantes paisajes. De toda suiza en general, pero muy especialmente en los Alpes, que es donde he estado estos últimos días después de ejercer de abuela. Quería hacerlo cronológicamente pero tenía tantas ganas de compartir las fotografias que acompañan este post que lo del orden y las referencias lo dejo para otro momento. Ha sido una primera toma de contacto con esos escenarios. Sí nunca había estado en los Alpes y al igual que me pasó en septiembre cuando tuve la oportunidad de escuchar Wagner en manos de la orquesta y coros de Bayreuth, que salí de allí con la esperanza de que al cabo de unos meses cuando llegase el Oro del Rin, ya hubiera superado el impacto y así poder valorar el buen trabajo de la orquesta del Liceu, pues ahora me ha pasado más o menos lo mismo. En mi estado actual y con el calor que hace, que también cuenta, yo no puedo ir al Pirineo.
¡La Virgen! qué montañas, todas enmoquetadas en verde hasta la cima y la nieve y los glaciares. Y las salchichas, eso bórralo.
Pero lo que realmente impacta es que todas esas fotografías los tomé yo, pero también podía haberlo hecho mi suegra a sus ochenta y dos años, magnificamente bien llevados (esto lo añado porque si no lo digo a los 10 minutos ya me está llamando) Pues sí las podría haber tomado ella porque en ese país además de señalizar, muy a la suiza, todos los caminos y senderos, tienen una casi una obsesión por el transporte público y eso les lleva a que en el puerto de montaña más agreste, encuentres siempre, un ciclista, (me rio yo de los que suben el tourmalet), unos cuantos moteros venidos de toda Europa, un lugar donde comer salchichas; un aseo (normalmente de pago un franco suizo) y una parada de autobús. Así es como puedes llegar a Suiza por ejemplo a Zurich que es la ciudad que mejor conozco. una vez allí coges el tren que en un abrir y cerrar de ojos te lleva por ejemplo a la estación central, allí seguro que encuentras algun tren como el «Glacier» que recorre la espina dorsal de los alpes. Hasta llegar a, por ejemplo Fiesch y allí te encuentras a pie del autobus un fantastico teleférico que con puntualidad suiza (muy superior a la británica) en 15 minutos te sube hasgta el Eggishorn desde donde se obtienen unas vistas extraordinarias del Glaciar de Aletsch el más largo de los Alpes.
Y allí arriba te encuentras un minúsculo «restaurante» el Horli Hitta al frente del mismo un señor muy amable que hablaba un perfecto español con fuerte acento suizo, que es como suelen hablar los españoles que llevan media vida por aquellos montes. Una casualidad que a la hora de comer siempre es de agradecer.

















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