La historia y la política dicen que Navarra es una sola, pero la verdad es que la Navarra soleada, en ocasiones árida que mira hacia el Ebro poco o nada tiene que ver con la Navarra verde abierta al atlántico que se esconde tras el puerto de Belate o el tunel eso según te gusten los paisajes o los agujeros excavados por el hombre. Esa es una Navarra de paisajes hipnóticos verdes y azules a veces otras teñidos de otoño pero siempre salpicados de ovejas, caballos, arboles centenarios, musgo hojas caídas otras aun por nacer. Es una Navarra humeda, a veces bañada en nubes otras resplandeciente, una Navarra distinta que habla otra lengua.
Allí, en Baztán, en el pequeño pueblo de Ziga tuvimos la fortuna de conocer a Julián y Mertxe, ellos dirigen, limpian, ordenan, pintan, reconstruyen, cortan la leña, hacen las camas, cocinan, ellos son el cuerpo y el alma de esa casa Zigako Etxezuria, su casa y la de sus huespedes. Porque eso es lo que sientes en cuanto la sonriente Mertxe o Julián te reciben, sientes que esa es tu casa. El ambiente es perfecto las habitaciones la que yo estuve y supongo que todas estan cuidadas hasta el detalle; las camas cónfortables, la comida excelente y cuando te levantas por la mañana y mientras oyes a Julian exprimiendo naranjas tu sales al jardín y decides que la proxima vez que nazcas lo harás en forma de gallina, de gallina en Zigako Etezuria, mientras todo eso pasa por un instante, solo por un instante cruza por mente la imagen de Angela Merkel y entonces exclamas y a quién coño le importa la prima de riesgo.
Zigako Etxezuria un lugar, absolutamente recomendable, deberían recetarlo los médicos, muy por encima de su teorica categoria.








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