
Querido guisante:
Como tu bien sabes nuestra relación viene de antiguo de aquellos lejanos tiempos en que acompañaba a mi madre carrito en mano al mercado de San Antonio; el carrito lo llevaba ella yo llevaba el pañal. Fue por aquel entonces en que, es de suponer, fruto de la desesperación
Toma y a ver si dejas de llorar.
Mi madre me dio a probar aquel delicioso manjar que lo hubiera sido más si se hubiera tomado la molestia de decirme que lo de fuera no se comía. Qué duras aquellas maternidades sin dodotis.
La inocencia y la ignorancia de los multiples estudios científicos que dicen que a los niños lo verde no les guste, me permitieron pasar unas felices primaveras comiendo muchos de tus dulces congéneres.
Aquellos eran tiempos en que viajar en avion era un lujo donde la palabra low cost aun estaba por inventar, era una epoca maravillosa cuando los reyes venian de oriente, Papa Noel no conseguia cruzar los pirineos y que de haber existido halloween se habría escrito con jota.
Los melocotones eran cosa del verano, las naranjas del invierno y los guisantes en primavera y eso te hacía especial. Tú como las flores del almendro, las rosas de abril o los parasoles en playa anunciabas algo especial era tu epoca, la epoca del guisante; la época de abrir las vainas cuatro para el guiso los demás para mi.
Pero llegó un día en que alguien inventó las compras a plazos y las casas se llenaron de lavadoras, televisores y neveras unas neveras nuevas flamantes que en la parte superior tenian un receptaculo llamado congelador, un diablo blanco que acumulaba hielo sin cesar.
Ese diablo blanco te puso apellido y desde ese día te llamaste «guisantes pelados findus». Desde esa fecha pocos son los de tu especie que se libran de la prematura mortaja de plastico, esa que nadie cierra bien y por eso muchos de los tuyos reciben sepultura bajo tres dedos de hielo en un cajón del congelador.
Que triste es que los niños piensan que eres algo así com un guisante probeta que naces y mueres en un ambiente esteril debidamente embolsado.
Entiendo que estés deprimido que lo estás, sé que intentas disimularlo pero cuando te saco de la bolsa al cabo de nada tus ojos, si es que los tienes, se llenan de lágrimas.
Por eso hoy he querido escribirte para que sepas que aun embolsado eres importante, o precisamente lo eres porque vas en bolsa. Querido guisante nadie como tu para bajar la inflamación post-operatoria. Tú y yo juntos vamos conseguir eliminar ese condenado quiste de Baker que me ha salido en la parte de atrás de la rodilla; lo conseguiremos como conseguiste no hace tanto que mi hija superara la intervención de caderas (ya sabes que en casa lo hacemos todo por lotes) solo con ponerte cerca muy cerca. Qué habría hecho la pobre sin ti cuando el ginecologo le dijo aquello de .
Mientras estés embarazada olvidate de los antiinflamatorios
Ah! es verdad de lo que se trataba era de comunicar que en verano seré abuela.







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