Hace un par de días recibí un e-mail de una buena amiga, Montse, que me decía lo siguiente:
estic impacient per llegir el teu blog demà passat quan hagis anat al liceu perquè no crec que triguis gaire a escriure….
només et diré que et preparis per passar la millor vetllada al liceu de la teva vida.una abraçada,
(Estoy impaciente por leer tu blog pasado mañana cuando hayas ido al Liceu porque no creo que tardes mucho en escribir…
Solo te diré que te prepares para pasar la mejor velada en el Liceu de tu vida.
Un abrazo)
Sinceramente creo que la decepcionaré, porque empezaré hablando de fútbol.
Imaginemos por un momento un forofo del Barça o del Madrid, que para el caso es lo mismo, al que llamaremos Pep.
Un día estaba Pep archivando impresos en la oficina cuando se le acerca su amigo Paco y le dice:
Tengo dos entradas de palco para el Barça Madrid, ¿Te apuntas? Estas invitado.
Las solicitudes de invalidez denegadas que Pep estaba archivando en aquel momento fueron a parar al suelo. Pero es que cuando aun no se había agachado del todo para recogerlas Paco va y le suelta:
Y ¿sabes lo mejor? en la media parte podremos entrar en el vestuario
Por suerte Pep acertó a disimular la flojera de piernas que de repente le había entrado y casi nadie se percató de la palidez que súbitamente se apoderó de su rostro mientras la cabeza le daba vueltas.
Los siguientes días para Pep fueron casi un no vivir, mientras intentaba centrar su mente enviando cartas a la parroquia, el obispado y el mismo Vaticano pidiendo la canonización de su amigo Paco, él seguía contando contaba las horas y los minutos que faltaban para poder ver de cerca y quién sabe si tal vez llegar a tocar a gente como Messi, Puyol, Xavi.
El día de autos, después de una noche en la que Pep se sintió como aquel chiquillo, que un día fue, esperando ansioso la mañana de reyes, por fin sonó el despertador.
Pep se apresuró a levantarse como si acelerando todas sus actividades el glorioso momento llegase antes.Pero cuando se incorporó en la cama Pep sintió un crujido en la espalda. Desgraciadamente no era solo la espalda la que crujía, también lo hacían los brazos, las piernas; aquella aciaga mañana a Pep le dolía hasta la punta de las cejas.
Su esposa, que no compartía con él idénticas pasiones, le pasó el termómetro con bastante ironía y una cierta dosis de mala leche.
No sé yo si hoy vas a poder salir de casa.
Así, más o menos me sentía yo ayer. Igual de jodida, igual de cabreada. Porque anoche yo tenía una cita a la que de ninguna forma estaba dispuesta a renunciar. Por eso a media tarde llamé a uno de mis médicos/pariente/amigo de cabecera.
Dime qué hago pero sácame esta fiebre ya.
Bueno tú misma, pero si te da un yuyu yo no me hago responsable,. Ah! por si acaso, recuerda que hoy estoy de guardia
Mientras esperaba a que la «caipirinya» de antitérmicos hiciera efecto, me vestí lo más adecuadamente posible siempre acorde con mi estado, es decir: medias tupidas; leggins, calcetines gordos, botas no para la nieve pero casi, camiseta térmica de las que me compré para ir a ver a mi hija, jersey de cuello alto, chaqueta de punto larga, pashmina gris de tres vueltas (muy práctica para contener la tos) y abrigo. Todo ello negro o gris. Parecía gótica, pero no. Si vestía como las viudas de los sesenta es porque esa era una de las condiciones del acto. Esa y llevar calzado cómodo y silencioso. Porque yo anoche estuve en el Liceu, pero de otra forma.
No sé si porque estamos en crisis y hacer lotes para todos sale muy caro, o porque en realidad nos aprecian y agradecen nuestra dedicación lo cierto es que esta Navidad el Liceu a nosotros los voluntarios nos han hecho el mejor regalo que podíamos soñar, … (bueno salvo tal vez aparecer como figurante en una ópera)…
Ayer estaba invitada a asistir a la última representación de la ópera Falstaff, pero esta vez desde dentro del escenario.
Quizá ella y algún otro de mis compañeros esperaba que hablase de ese instante, ese breve instante en que el cantante está de pie, allí entre bastidores y a su lado está el regidor esperando el momento preciso para darle entrada en escena y es entonces en ese instante, ese breve instante, cuando el cantante deja de ser persona y se convierte en personaje.
Quizá otro de mis amigos, Ramon, muy de números y cartabones, esperaba que hablase de cómo cuando el cantante aun no ha finalizado su aria, detrás hay una legión de hombres de negro con las herramientas al cinto que ya están desmontando el decorado y cómo al bajar el telón en esos, poco más, de 4 minutos que en la butaca de la sala se hacen eternos. Dentro se monta y se desmonta un mundo entero.
Puede que , por ejemplo, Teresa o Sebastià, de toda la experiencia vivida hubieran resaltado la luz que invadía el escenario y se desparramaba entre las rendijas del decorado hasta nuestros pies.
Nada de todo esto es lo que más me impactó de la visita de ayer. Si me dijeran que con tan solo tres palabras definiera mi impresión, no tendría que pensarlo mucho: PROFESIONALIDAD, TRABAJO y PRECISIÓN. Esas tres palabras y todo lo que ellas conllevan es lo que hace que al levantarse el telón se cree la magia y vivamos una emoción.
Como suele hacer la gente de teatro hoy quiero dar las gracias a un montón de personas , en nombre mío propio y seguro también de mis compañeros. Por supuesto he de empezar por Gemma y Victoria, porque de ellas partió la idea y porque ellas son las que la defendieron lo que no me cabe la menor duda, no debió ser nada fácil. Gracias a Joan Matabosch porque me consta que en el teatro su palabra es ley y que si él hubiera dicho «ni hablar» a estas horas yo no estaría escribiendo esto. Gracias a todo el equipo técnico del teatro en especial a Ferran responsable del montaje tècnico de este Falstaff, a los regidores, a todos los solistas sin excepción que supieron encontrar algo más de un segundo para una palabra amable. También a aquella niña, figurante de la obra, que me preguntó si la ayudaría a cambiarse.
Gracias a Pedro, el miembro del equipo de seguridad que al tiempo que vigilaba , discretamente eso sí, que nos «portáramos bien», nos acompañó durante toda la visita echando una mano cuando hacía falta, yo creo que un poco contagiado del entusiasmo.
Y por supuesto a Xesca, máxima responsable del equipo de regidores del teatro, quien con amabilidad y paciencia sin límites, más si se tiene en cuenta que era la tercera vez que dedicaba su tiempo libre a nosotros, explicó con todo lujo de detalles cual es su trabajo y también el de todo el equipo, compartiendo con nosotros «pequeños secretos» de las interioridades de este complejo engranaje que es el teatro, pero sobretodo dejando patente que le gusta su trabajo. Xesca te has ganado un pollo a la cazuela. Y no sigo porque para los nombres soy un desastre, pero gracias a todos por darnos la oportunidad de vivir esta experiencia para nosotros única, aunque para vosotros sea solo un trabajo o quizá no.
Este, salvo imprevistos, es mi último post de este año 2010. Así a lo tonto hace poco cumplí tres años como «bloggera» y cada día que pasa me asombra el número de personas, la mayoría anónimas que día tras día invertís una parte de vuestro tiempo leyendo esas «tonterias» que a veces escribo.
Muchas gracias a todos y que el próximo año sea un poco mejor que este. Dado el panorama no creo que sea pedir demasiado. Nos volvemos a encontrar, si os apetece, en 2011.
Un beso
Aquí os dejo unas cuantas fotos que pude tomar ayer; la calidad es lamentable dadas las condiciones (no me iba a presentar allí con un equipazo, que tampoco tengo, en plan Antoni Bofill) pero tampoco esta del todo mal, al menos eso quiero pensar













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