Si entre vosotros hay algún psicólogo hoy tendrá tema de estudio, porque este post es casi una terapia. Hoy voy a hablaros de un miembro de la familia, del sector que anda a cuatro patas.
Estos de ahí arriba son mi manada al completo, la única que no es negra es Becker luciendo un nada favorecedor modelo veraniego.
Becker va camino de los 10 años y justo por estas fechas hace nueve que está con nosotros. A Becker la encontramos en la ya desaparecida perrera de Cambrils, fue Ramon mi veterinario de cabecera el que al saber que queríamos otro perro me dijo que allí había una hembra que quizá nos gustaría.
Aquella perrera era un cercado metalico pegado a lo que creo eran unos almacenes municipales.
Un domingo por la mañana mi marido y yo nos acercamos hasta allí a ver qué pinta hacía aquella perra. Alli había varios perros de raza no identificada, dos rotweilers i creo recordar que un dobermann. Pues la única que patrullaba la valla de punta a punta y mantenía a todos a raya era ella.
Parece lista, dijo mi marido que al parecer tiene un don especial para certificar la inteligencia de los perros.
La verdad es que acertó, al poco de estar en casa Becker demostró una gran habilidad para destrozar aspersores, no lo hacía como Hobbes lo haría años después arrancando de cuajo media instalación y de paso un montón de plantas. Becker se acercaba sigilosa a los aspersores y cuando empezaba a salir el agua, cerraba la boca y los descabezaba y así uno tras otro.
Ella nunca se sintió cómoda en el rol de segundona

Pero claro Shakespeare estaba primero y era el «hombre» de la casa, pero Becker que es muy lista supo esperar y cuando los años y los achaques empezaron a debilitar al «amo», ella ocupó su puesto.
Un puesto el de jefe de la manada que ha sabido defender con gallardía ante todos los recien llegados independientemente de su tamaño.
Hace poco más de un mes Becker, que nunca ha sido una perra particularmente tranquila, andaba muy nerviosa.
A esta perra le pasa algo
En agosto Becker estuvo a punto de morir, un tumor no operable le impedía orinar, por suerte reaccionó bien a la medicación y desde entonces ha llevado una vida practicamente normal. Pero hace unos días que las cosas han empezado a complicarse.
Ella sigue subiendo al sofá cuando cree que no la veo, ella sigue siendo la primera en salir a recibirme, ella sigue corriendo, ladrando y diciendo, a su manera «ojo que aquí estoy yo».
No sé cuando, quizá dentro de unos días o unas semanas pero cada vez falta menos para que llegue el momento en que tengamos que decidir por ella.
En nuestra familia los perros siempre han tenido su lugar, un lugar importante. Nunca hemos comprado un disfraz para «el perrito», no los hemos malcriado, me gusta poder decir que nuestros perros han sido siempre animales nobles, educados y obedientes, nuestro trabajo nos ha costado.
Esta no será la primera vez que me encuentre ante una situación parecida pero la verdad es que yo para Becker hubiera preferido un final como el de Shakespeare que de tan viejo un día se echó a dormir y no se levantó. Un final de esos que todos quisieramos para nuestros perros y para nosotros mismos.











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