
Ayer a las 19.30 tenía cita con los protagonistas, los cuatro protagonistas, de la Fille du Regiment. La tenía yo y un montón de gente, todos «Amics del Liceu» organizador del acto.
Puntualmente con un cuarto de hora de retraso empezó el acto y la primera sorpresa fue que los 4 eran 3.
Antonio Gandía «el otro Tonio», que también existe, y lo hace muy bien por cierto, no asistió al acto. Sus razones tendría, pero en estos casos es responsabilidad del moderador dar algún tipo de explicación, verdadera o falsa eso es lo de menos, pero hay que darla.
Ya sé que no es lo mismo que el ausente hubiera sido Juan Diego Florez motivo principal por el cual la reunión tuvo lugar en el Foyer del Teatro y no en la sala de ensayo del coro como es habitual. Pero por respeto a Antonio Gandía y al público, independientemente de que a muchos eso les trajera sin cuidado, hay que informar.
El moderador del acto, como de costumbre fue Pablo Meléndez-Haddad, historiador, periodista, crítico del diario ABC y jefe de redacción de la revista Ópera Actual, una publicación muy interesante dicho sea de paso.
El Señor Meléndez sabe mucho de ópera escribe bien, pero el tema del micrófono y la entrevista en directo, para que nos vamos engañar no es lo suyo. Cuando el entrevistado es alguien como Fiorenza Cedolins, Stefano Palatchi, Sonia Ganassi o Marco Armiliato quien además de director de orquesta y futbolista aficionado podría conducir él solo un programa en prime time, por no mencionar a Rolando Villazón que ese entrevista solo, no hay ningún problema. Pero cuando delante tienes a Juan Diego Florez creo que el cantante más escurridizo del panorama operístico actual, la cosa se complica.
Ayer sobre la tarima había tres cantantes que a buen seguro tenían cosas interesantes que decir,
Nino Machaidze una jovencisima soprano que en solo dos años ha conseguido triunfar en medio mundo y que apunta, eso esperamos todos, a inscribir su nombre en la historia de opera.
Eso debía pensar la señora que al final en el brevisimo turno de preguntas recordó como su interpretación de Juliette junto a Rolando Villazón recientemente proyectada en un cine de Barcelona, la había emocionado hasta tal punto que ayer, al recordalo, su voz de entrecortaba.
A su lado estaba Patricia Ciofi.

Veinte años de carrera que dan para grandes triunfos y para algún tropiezo como el de aquella Lucia di Lammermoor en que aceptó a regañadientes sustituir en el último momento a Edita Gruberova la noche del estreno. Ciofi afrontó el reto sabedora que una buena parte del público del Liceu estaría en su contra hiciera lo que hiciera.
Una señora del público recordó aquel momento y le pidió excusas por aquel inmerecido abucheo cuya consecuencia fue que Ciofi no ha vuelto a cantar Lucia.
Estas y una pregunta formulada también por una persona del público relativa a las puestas en escena, fueron las mejores por interesantes preguntas que les fueron formuladas a ambas cantantes. Preguntas que dicho sea de paso no derivaron en ningún tipo de situación incómoda con respecto a la diferencia de edad entre ambas cantantes, como sí había sucedido minutos antes.

Pero no nos engañemos ayer el centro de atención era Juan Diego Florez, cantante al que admiro como creo que ya ha quedado claro en anteriores ocasiones, pero una cosa es el cantante y otra la persona, en algunos casos más que en otros.

Florez es serio muy serio trabajando; serio en el sentido de responsable. El otro día un amigo me decía.
Florez hace los bises como churros.
Como si hacer de lo difícil algo fàcil no tuviera mérito. Creo los bises de Florez tienen un valor añadido. Él en el escenario se siente seguro y desde allí, desde la distancia es desde donde él agradece a su público el cariño que función tras función le demuestra y lo hace como mejor sabe, cantando. Otra cosa es cuando cae el telón y hay que salir a la arena de los admiradores.
El domingo del estreno cuando, por cuestiones protocolarias, le vi posar junto a los señores Montilla su expresión era de «y por qué a mi?».
Pues querido Juan Diego porque eso va en el paquete. Eres un gran tenor, la gente te admira y ama, la ópera es una emoción y tu con tu voz las generas, entonces has de entender que el público quiera sentirte próximo. Eres grande y los grandes lamentablemente, a veces han de hacer eso, no siempre agradable, de mezclarse con su público. Ayer tenías un compromiso a las nueve y marchaste, seguro que estaba muy justificado no seré yo quién lo ponga en duda, pero la verdad es que sono a espantá. Tuya y de una parte de los presentes quienes haciendo gala de una pésima educación abandonaron la sala en cuanto tú te fuiste.
Te admiro como cantante y también en la forma como conduces tu carrera, a veces me gustaría que en algunos aspectos fueras un poco mas … «villazonista» pero cada cual es como es. Lo que lamento es que al irte tan pronto perdí la oportunidad de que alguien del público formulara alguna pregunta interesante. Eso si supe que ahora eres vegetariano y que cocinas un risotto muy especial cuya receta no pude anotar porque el moderador del acto la interrumpió para decir que él también cocinaba risotto.
Muchas gracias a los cuatro, también al ausente, por esas magnificas representaciones con que nos habéis obsequiado.







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