
Creo que no descubro ningún secreto si digo que siento una cierta debilidad por Plácido Domingo. Un sentimiento que, mal que me pese, he de compartir con medio mundo, amantes de la ópera o no. También con Birgit Nilsson quien en 1969, mucho antes que yo, quedó deslumbrada ante un joven tenor que entonces debutaba en Italia en el papel de Calaf.
Muy grande debió ser el impacto que causó en la insigne cantante sueca, aquel joven latino como para que 25 años después al crear su fundación «The Birgit Nilsson prize» dejara dicho que el primero en recibirlo fuera Plácido Domingo, los siguientes ya será cosa del jurado pero ese, el primero, y con todo merecimiento sería para él.
Tranquilos sea cuando sea que yo muera, Plácido seguirá cantantdo de maravilla – Birgit Nilsson.
Plácido ya sea cantando ópera o tangos o simplemente dándote las buenas noches o comiendo jamón, es un hombre que deja huella.

Cuando se siente tal admiración por un hombre y artista completo como él y la vida te lo pone al alcance de la mano, haces lo posible y casi lo imposible por tenerlo aún más cerca.
Pero en ocasiones las cosas no salen exactamente cómo una quisiera. Por suerte alguien inventó Photoshop, para poner las «cosas» en el lugar que les corresponde

Felicidades Plácido será muy difícil encontrar alguien a tu altura para concederle el segundo Birgit Nilsson Prize.
He pensado mucho qué pieza musical era la idónea para ilustrar este post y al final he decidido poner esta, y con permiso de Plácido me la dedico a mi.
Aquí os dejo también una grabación de 1969, Birgit Nilsson y Plácido Domingo cantan Tosca y cómo no, Nessun dorma de Turandot, muchos dicen que él no es el mejor para esta aria…. Anda ya!
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