Una noche, una playa, en cualquier lugar.

Hace mucho, creo que desde el principio, mantengo una relación de amor odio con Facebook. Es de aquellas cosas que acaban formando parte de tu vida quieras que no.

Hasta hace poco pensaba que FB es un poco como tantas cosas en la vida que son buenas o malas en buena medida, en función del uso que hagas de ellas. Esto es cierto en la medida que puedas ejercer algún tipo de control sobre í  mismo y tu entorno, pero últimamente, cada vez más, veo a facebook como algo, casi diabólico.

En Facebook llamamos amigo  a un tio que jamas hemos visto ni quisieramos ver,  felicitamos el cumpleaños a gente que si fueramos capaces de reconocerlos por la calle, cambiariamos de acera.  Hacemos test ridiculos que nos dicen lo que ya sabiamos, que hacer el test es ridículo. Perdemos el tiempo con juegos absurdos. Compartimos causas en las que no creemos, pero también perros callejeros; niños negros; bebes con sindrome de down porque un desalmado sin escrupulos  ha escrito debajo   aquello de “sé que no me compartirás porque….” y compartimos sin pensar aun a sabiendas que tras la foto dramática, lo que hay es una página hambrienta de visitas, asi sin más.

La maldad de Facebook no está en titulares del tipo  “se asomó a la ventana y no creeras lo que paso…”

Lo realmente pernicioso de FB es que altera nuestra escala de valores y eso lo hace trivializando la maldad nuestra propia maldad.

Ponemos por igual un “me gusta” a un lindo gatito  que se mete en una botella o a la imagen de un refugiado atravesando alambradas son su hijo en brazo y lo hacemos sin ningún rubor desde nuestro flamante ordenador, con la barriga llena y los pies limpios de llagas.

Creo sinceramente que en demasiados aspectos de la vida, hemos perdido el norte, y me incluyo.

Por suerte el norte sigue estando ahí, solo hay que saber encontrarlo y eso se puede conseguir con sofisticados medios tecnológicos o simplemente mirando al cielo en una noche sin luna.

Las noches sin luna  siempre han sido las preferidas por ladrones, contrabandistas, amantes y fugitivos.

Qué  poco  importa si los protagonistas de estas fotografias tienen la piel blanca o negra; si tienen los ojos rasgados o no; si huyen de una guerra o de la injusticia o de ambas;  si rezan a Alá o a Cristo; si les persigue una pistola o un machete; si viajan porque sueñan en el paraiso o porque huyen de lla pobreza;  si lo hacen engañados o sabiendo la realidad que se encontraran al otro lado.

Qué coño importa nada cuando caminas por una playa en una noche sin luna  y entre el tenue reflejo verdoso del agua  te encuentras un puñado de niños muertos.

 

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Las fotos las he sacado de aquí – Palestina news  y a pesar de los pesares, lo más probable es que de no existir FB yo hoy no las hubiera visto y habría sido más ignorante de mi misma, más inconsciente respecto de mi propia realidad  y un poco menos humana.

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