Hay errores que nunca se deben cometer y casualmente o quizá precisamente por eso, son unos de los más frecuentes.
Entre ellos hay uno que me molesta particularmente y es el hacer juicios de valor sin tener suficientes argumentos, algo tan nuestro que los hay que hasta se ganan la vida haciéndolo
Me molesta porque muchas veces soy la víctima de ese error. Por ejemplo con este blog, de tanto entra alguien y va a parar alguno de esos posts que a veces escribo sobre temas llamemosles «marujiles» y ya tengo allí un comentario del tipo «claro como eres una niña bien que no tienes más preocupaciones que sacarle el polvo a tu Imac….». Normal, si del árbol solo miras una de sus hojas, así puede que nunca llegues a saber si era tuya o ciprés. Lo sufro a nivel individual pero sobretodo en tanto que parte de un colectivo, en ese contexto yo soy o debiera ser pesetera, agarrada, antipatica, protestona, separatista; intransigente y poco solidaria. Atributos que muchas veces se adjudican a los catalanes por parte de gente que solo nos ve a distancia y con los ojos entornados para ver solo lo que quieren ellos quieren ver. Por ese motivo me guardaré muy mucho de emitir un juicio de valor acerca de Zamora ciudad en la que estuve a penas cinco horas. Y lo digo porque llegué allí la mañana del domingo de Ramos y la gente iba muy «endomingada», algo que por aquí no se lleva mucho, me chocó, no lo negaré, la forma de vestir de muchas mujeres. Quizá ellas no lo sepan pero en cualquier tienda vintage de New York les pagarian un buen dinero por algunas de las prendas que llevaban encima. No todas vestían así pero la verdad es que eran las suficientes como para que me fijara, supongo que se deberà al efecto de la no implantación de grandes cadenas de distribución lo que tiene sus ventajas porque vayas por Leon, Barcelona o Paris no andas 100 metros sin encontrarte con medio catálogo de Mango o Zara en la calle.
Cosas que llamaron mi atención, lo primero que las señales de trafico estaban cuidadosamente tapadas por estética me dijo un señor a quién le pregunté el porqué. Leí por ahí que Zamora es ciudad de paso y que los visitantes en su mayoría no pernoctan en la ciudad, yo tampoco y me parece injusto porque Zamora tiene atractivos suficientes como para una visita un poco más prolongada. Otra cosa que llamó mi atención es que en la plaza mayor hubiera una escultura de unos nazarenos, eso, supongo, da una idea de cuan importante es para Zamora su Semana Santa. Una curiosidad que me gustaria resaltar es el Portilla de la Lealtad, que hasta diciembre del año pasado era conocido como Portillo de la Traición.
¿cual es el porqué del cambio? Pues porque como siempre la historia tiene no una sino muchas lecturas casi siempre en función de desde qué lado la mires. Dicen que por esa puerta entró, siglos ha; Vellido Dolfos, un noble leonés a quién perseguía el Cid por haber asesinado a Sancho II de castilla, que estaba al mando de los ejercitos que asediaban la ciudad entonces en manos del reino de León. Lo que para unos era traición para otros lealtad. Y es que eso de las fronteras de papel siempre trae a mal llevar. Cuando yo era niña había dos regiones León y Castilla la Vieja, ahora es todo una misma cosa al menos sobre el papel.
Los leoneses parece que lo tienen muy claro y los zamoranos también.
Estuvimos pocas horas y un rato lo dedicamos a comer, algo ligerito, aun nos quedaba bastante carretera por delante asi que nos conformamos con un «montadito» zamorano.

De camino a Salamanca hicimos un alto en Toro, que a esas horas rezumaba olor a morcilla y aperitivo.
Este el video de esa etapa del viaje.
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