No, no pretendo insultar a nadie. Es que esta mañana entre las muchas cosas que he oido decir acerca de José Antonio Labordeta, todas buenas como suele ocurrir cuando alguien muere, he tenido la oportunidad de escucharle a él mismo diciendo que esta frase quizá hubiera sido un buen epitafio.
No, la verdad es que no creo que pongan eso en su tumba si la hubiere, no queda bien después de velar el cadáver en la sede de las cortes aragoneses y declarar tres días de luto oficial, no, no quedaría nada bien tener que darle el último adiós delante de una lápida que diga !A la mierda¡.
Para muchos José Antonio Labordeta será un perfecto desconocido, a losumo habrán oído hablar de aquella su memorable actuación en el congreso de diputados
Labordeta era un hombre «apañao» un poeta, cantante y escritor venido a político, por amor a su tierra. Y por eso porque no era un político de raza a veces actuaba como lo hubiera hecho una persona normal y a pesar de que en número representaba a muy pocos, para él esos pocos eran legión y por eso trabajaba tanto. Esos ocho años que estuvo como diputado fueron de una productividad tal que muchos debieran sonrojarse. Y como se lo curraba lo defendía y de ahi esas intervenciones tan sonoras como sentidas, recordadas y también añoradas. Porque Labordeta llegó al congreso a destiempo, cuando eso de ser político era ya una profesión. Él, en cambio, era un soñador, idealista de corazón que estaba allí porque creía en algo, Labordeta creía en algo llamado Aragón.
A la buena gente les tendrían que dar una prórroga
Descanse en paz








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