Verano azul – 1

Hace un rato leía que mi “amigo” el ministro Pepiño Blanco se mostraba “sorprendido” por el “cambio de actitud” de los controladores aéreos, que ahora resulta que quieren  la “aplicación inmediata y sin dilación” del decreto ese que era tan y tan malo que hasta se pusieron enfermos del disgusto
Esto me ha llevado a pensar en esa gracia especial que tienen determinados colectivos para “joder la marrana” al personal. Como en aquella huelga SALVAJE, así en mayúsculas  que montó el personal de tierra de iberia el 28 de julio de 2006 a las 10 de la mañana.
¿A qué tanta precisión? Pues porque ese día y a esa hora me encontraba en el mostrador de embarque de Vueling junto a mi yerno justo  cuando acabábamos de facturar el equipaje de 8 personas, 8
Y ahí empezó nuestro calvario que como hoy no hace mucho calor, tiene su gracia (entonces no tuvo ninguna) y hoy me apetece escribir he querido compartir con vosotros.
Aquel año habíamos organizado una salida familiar, el destino era Croacia, allí habíamos alquilado un barco (cuya tripulación merecería un libro entero, igual otro día os lo cuento) para pasar 8 días de vacaciones navegando por aquellas islas. La ruta era la siguiente: Barcelona Roma, Roma Split.
A mi que los aviones siempre me ha dado cierto por no decir mucho respeto me hizo plantear algunas dudas.
¿Y no se puede ir en vuelo directo?
No.
Vale.
Salimos de casa a las 7 de la mañana en dos coches, el viaje había tenido una previa que en ese momento era secreto de estado y de la que solo teníamos conocimiento Xavier, Laura y yo, más adelante os la cuento. En Barcelona dejamos los coches en el parking cogimos dos taxis y hacia el aeropuerto, todo iba bien hasta eso.

Os lo acercaré más por si no lo veis claro

La cosa pintaba mal, pero cómo ya habíamos embarcado y pasado el control policial vivíamos en un oasis de relativa calma, más que relativa porque claro la afluencia de pasajeros era mínima todos estaban atascados abajo, cosa que supimos cuando después de tres horas mi hijo Marc, que entonces fumaba decidió salir para echar un piti.

Hosti.. no sabéis la que hay liada abajo.

A partir de ese momento empezamos a movilizarnos.  Junto al avión que se suponía debía llevarnos estaban nuestras maletas, también la de Laura, tiradas en la pista. Bueno, al menos las teníamos localizadas.

Hay que buscar soluciones alternativas.

Soluciones que en gran medida pasaban por mi consuegro, que se dedica a esto de los viajes.

Opción a)  cambiar de vuelo, pronto se vió que eso no conducía a nada.

Opción b) salir desde otro aeropuerto, a aquellas alturas, más o menos las 4 de la tarde el problema ya no era ir a otro aeropuerto sino salir del que nos encontrabamos.

Vale pues vamos en coche

Opción c) alquilar un monovolumen

¡Juas! ¡Juas!

A aquellas horas en Barcelona entendiendo Barcelona algo así como 300 km a la redonda no quedaba ningún coche en alquiler ni nada parecido.

Al final se optó por

Hay que salir de aquí cómo sea, ¡ya!.

En un plis plas mi marido organizó la tropa. Unos a intentar recuperar las maletas, otros a buscar un taxi si era necesario secuestrarlo, pues se le secuestraba. Y los demás (yo)

Vosotras cogéis el tren os vais al parking y os traéis el coche.

A ver eso del tren hay que puntualizarlo porque ahora en Barcelona no hay tren que lleve al aeropuerto, al menos de una forma comprensible para un turista, echa esta puntualización sigo

Lo del tren fue un fracaso total, embutidas en un vagón atestado de gente cabreada a más no poder, que al parecer se había contagiado del espíritu de los huelguistas tardamos lo que no está escrito en llegar a nuestro destino, tanto que ellos llegaron primero en parte por la agilidad mental y de piernas de mi hijo Xavier que cruzo  parkings y zonas verdes hasta llegar a la carretera de acceso donde sin ningún respeto ni por la prudencia ni por las normas de circulación detuvo un taxista, y allí lo mantuvo QUIETO PARAO hasta que de igual manera llegaron el resto con…. y eso es lo único que nos salió bien… las maletas que rescataron saltando por encima del mostrador de facturación de Vueling.

Asi pertrechados se fueron hacia el garage donde estaban los dos coches que no habían pasado ninguna revisión ni nada parecido y que estaban a punto de cascarse tropecientos mil kilómetros.

Con unos bocadillos de chorizo comprados en el bar de al lado, tres bolsas de patatas y bebidas en ambulancia a las 6 de la tarde emprendimos un viaje que duraría hasta la madrugada del domingo 30 de julio de 2006.

Bueno, como veo que esto se alarga  mejor lo dejo aquí y mañana sigo

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