Hay maneras, y maneras. Joaquín Luna

Si algo se me da muy mal de escribir es poner títulos. Solo con La trastienda, lo tuve claro desde el principio, mucho más que el mismo libro que me costó como varios embarazos. Pero eso no pasa siempre, hoy por ejemplo he estado a punto de titular el post como «El pecado del periodista» parafraseando al protagonista de hoy. Joaquin Luna. El pecado del periodista es la soberbia, decía hace unos años mi protagonista.

Esta mañana me he suscrito a la Vanguardia. Lo mío con las suscripciones es un poco como los ojos del Guadiana, ahora sí, ahora no. Depende de muchos factores por ejemplo nueva temporada de The Crown, puede significar un mes de suscripción a Netflix.

Hoy el factor determinante para que de nuevo me subscribiera a La Vanguardia ha sido Joaquin Luna. Muchos no sabréis mucho de él, porque no está todo el día en el candelero y es que Joaquín Luna es un periodista de la vieja escuela. Un señor que ha estado en todos los fregaos, que ha vivido en directo golpes de estado, asesinatos, guerras e invasiones; desde Cambodja a Egipto. De Hong Kong a Washington, de Paris al entierro de Paquirri.

Un periodista de más de 60 años que se presenta en la redacción de su periódico de toda la vida y dice que se va a Ucrania.

una de las de toda la vida, antes de cerrar la maleta, a una peluqueria de las de toda la vida, nada de esas moderneces para nuevos barbudos.

Una maleta ,donde por cierto no llevaba chaleco antibalas, tampoco casco ni una reserva de hotel, por no llevar, no llevaba ni calzoncillos de repuesto (no lo digo yo que lo ha dicho él mismo esta mañana en la radio) «pero los lavo cada noche», ha aclarado.

De eso no me cabe la menor duda, porque Joaquín Luna es un señor, tan señor que en la frontera les costaba creer que aquel caballero fuera un periodista camino del frente.

Pues con todos estos antecedentes y sin casco, en solo 10 minutos de conversación esta mañana con Jordi Basté en RAC1, Joaquin Luna me ha descrito la realidad de Ucrania mucho mejor que todos esos periodistas armados hasta los dientes con el preceptivo equipo de campaña , que se esfuerzan en enseñarnos cuantos más dramas mejor de la forma más cruenta, ignorando o no queriendo ver que los humanos nos acomodamos a todo, también al dolor ajeno. Es mucho más facil enseñar una y otra vez la imagen de unos cadaveres en el suelo, que saber transmitir los sentimientos de quienes sabían sus nombres y los vieron morir.

No todos los periodistas son así, por supuestos, también los hay claro que también los hay que han centran todas sus crónicas a medio camino entre la puerta del hotel donde se alojan y la esquina de enfrente.

Yo crecí con la guerra de Vietnam y cada día acompañaba mi almuerzo la imagen de sol

EN EL EXPRESO DEL SILENCIO, primer artículo de Joaquín Luna desde Ucrania