Extrañas adopciones

Cuando yo era una niña, calculo que unos ocho o nueve años, un día volvía a casa del colegio a eso de las 12 del mediodía, porque en aquella época la mayoría de los niños comían en casa (era otro universo temporal) . Cuando a pocos metros del portal escuché un maullido, en el alcorque de un árbol, envuelto en papeles de periódico había el gatito más lindo del mundo.
No era el de la foto pero para mi era igual de bonito o más, claro que yo lo veía con ojos de niña, falta de mascota; pero mi madre lo vió con ojos de madre y poco después el gatito volvía a estar junto al árbol esta vez envuelto en una toalla (imagino lo que le dolió a mi madre esa toalla) con un poquito de leche y algo de comida.
Aquello fue un trauma, yo creo que ese es el motivo por el que ya como madre nunca he sabido decir que no a según que cosas. Decirlo, la verdad es que lo he dicho pero nunca con la suficiente contundencia, visto lo visto. Por eso cuando un día, hace de esto muchos años, mi marido se presentó en casa con una codorniz que solo Dios sabe como aterrizó en el capó del coche en plena Gran Via, yo salí a comprarle una jaulita. A los pocos días supimos el porqué de aquel extraño aterrizaje, porque aquel bicho era capaz de despertar a todo el vecindario, la codorniz acabó en el huerto del abuelo que por entonces tenía gallinas y otros animales y que por suerte dormía en otro sitio. La codorniz fue nuestra primera adopción, después con los años fueron llegando otros animalitos.
Un día cuando iba con mis hijos a recoger a un compañero de clase camino del colegio, cuando vimos una perdiz en medio de una calle de El Masnou. La pobre perdiz se pasó buena parte de la mañana en el maletero del coche. Ese día actué con inteligencia y la solté en el bosque antes de que mis hijos volvieran del colegio y la perdiz pasara a llamarse Juanita. Hemos adoptado otros animales, por ejemplo en casa en este momento hay 6 tortugas (supongo porque ahora están escondidas) ninguna comprada, todas encontradas. Pero las tortugas, la verdad, no son una gran problema, las de agua un poco asquerosas, eso sí. El problema son los perros y los gatos. Becker era adoptada esta voluntariamente, Patton, como es tan chiquitín digamos que se nos coló, pero bueno también había acuerdo en este caso. Los gatos son otra cuestión.
Este por ejemplo apareció un día en la ventana de la cocina, y claro se quedó.

Se quedó hasta que un día se largó. Mi hija tuvo un disgusto enorme y al poco tiempo mi marido le trajo un siamés.
Este salió un poco tontin y así le fue al poco lo atropello un coche, porque esa es otra gracia de los gatos, van por libre.
si el primero fue un disgusto este ya fue un drama, tanto que el sábado siguiente mi marido y mi hija se fueron a la busqueda de un gato y lo encontraron sí, en manos de un mendigo en la calle, le dieron algo de dinero y el gatito (este sí el de la foto) y todas sus pulgas vinieron a casa.

Con tantos y tan buenos cuidados, al principio tomaba biberón, el animalito creció, creció mucho.

Creció él y sus guevines, así que pronto empezó a patrullar la zona y la patrulló tanto que un día no volvió.

Yo creo que ahí viene la inclinación de mi hija hacia los gatos. Mi hija ya no vive en casa, más o menos, pero su gato, su cuarto gato  sí. Porque los hijos se van pero los gatos se quedan y este parece decidido a quedarse mucho tiempo, tiene ya 12 años y un larguisimo historial de heridas en combate, que alegran la cuenta corriente de mi veterinario y ponen la mía a caldo, pero claro qué se le va a hacer. Mi hija no está en casa pero en su casa con la excusa de que un perro demanda más atención tiene dos gatas o mejor dicho dos albondigas con patas, así están ellas de hermosas.

La última adopción no ha sido un gato. Alguien podría decir que esto no es una adopción, sino una recogida, pero yo estoy más por lo primero.

Nuestra última adopción, mejor dicho la última adopción de mi hijo, llevaba este cartel colgando del cuello

(¿Me quieres? Me regalan)

Este cartelito colgaba del cuello de….. de una abeja.

Sí una abeja, esta abeja.

¿Esta en vuestra casa?

Me dijo la farmacéutica del pueblo en respuesta a mi comentario.

Creo que hace un par de días os sacasteis un peso grande de encima.

Pues si, el resultado de una noche dantesca por parte de algun publicista o director de Marketing ha acabado en mi casa y allí lleva ya varios días.

Por si a alguien le interesa la abejita en su base lleva un dispositivo que cuando pasas por delante dice algo así como

Entra en la farmacia y pide unas …

si hay alguien interesado, no tienen más que enviarme un e-mail y estaré de encantada de hacersela llegar, ¡ah! no es hinchable, es así tal cual la veis.

 

El post de hoy se lo dedico a mi amiga Ana de Madrid, no es farmacéutica ni va regalando gatos por ahí, al menos que yo sepa. En Flickr se hace llamar abuela Pinocho, a saber porqué.  Yo prefiero llamarla mi amiga Ana de Madrid.

Un beso preciosa.

Esta es la galeria de fotos de  MI AMIGA ANA DE MADRID

ABUELA PINOCHO  - View my recent photos on Flickriver

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70 Replies to “Extrañas adopciones”

  1. Aun me estoy riendo. Que bueno!!!
    Miralo por este lado, cuando se le acaben las pilas, no come, no ensucia y hace bulto.
    No hay que llevarla al veterinario. Y tiene unos colores la mar de llamativos!!! Y dos antenitas!!!
    Mientras no se le acaben las pilas siempre puedes ponerla de decoración en la habitación del niño. Igual se le acaban las ganas de llevar a casa adefesios así.

    Me gusta

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