Spaccanapoli y el quartiere español al margen, una visita obligada en Nápoles es Pompeya; de la que, ahora que lo pienso, nunca he hablado así en exclusiva. Habrá que arreglarlo.
Pompeya impresiona, ya sea por lo grande que es, por el calor (depende de la época) o por el famoso burdel; que a veces una piensa, con la de cosas que hay allí para ver, todos van a lo mismo. Normalmente van porque los llevan. Pero interesante, el burdel, también lo es.
Tu vas por allí con guía o sin, y vas leyendo o te van contando, como era aquella ciudad y cómo un día se descubrió.
Lo que que ya no todo el mundo te explica (tienen mucha tela que cortar) es el cómo, el porqué y el quién descubrió esa maravilla, que abrió las puertas al conocimiento profundo de cómo vivían los habitantes del imperio romano a principios de nuestra era. Pues de eso vamos ha hablar hoy.
Después de la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., Pompeya y la cercana Herculano quedaron completamente sepultadas bajo una capa de ceniza, piedra pómez y barro volcánico.
Eso, para quien no lo sepa, es muy importante.
A menudo cuando se habla de volcanes, la imagen que nos viene a la cabeza es la de un mar lava y fuego arrasando todo a su paso, no es este el caso. Aquí les cayó la ceniza, montañas y montañas de ceniza, que actuaron a modo de sarcófago que preservaría, la ciudad entera, como un fantasma varado en el tiempo. A partir de ese momento ambas ciudades cayeron en el olvido durante algo más de 1.600 años.
Las primeras pistas sobre la existencia de una ciudad antigua bajo tierra surgieron a finales del siglo XVI, cuando el arquitecto italiano Domenico Fontana, mientras excavaba un canal, encontró restos de antiguos edificios. Aunque se tropezó con una parte de los restos de Pompeya, no se le dio la importancia que merecía y los hallazgos se volvieron a enterrar.

No sería hasta 1735 siendo Carlos de Borbón rey de Nápoles, el que años tarde reinaría en España como Carlos III. cuando Roque Joaquín de Alcubierre, ingeniero militar, que se encontraba en Nápoles trabajando en la construcción del Palacio Real de Portici, Se hizo eco de los rumores populares acerca de que en algún, bajo tierra, se ocultaba algo muy gordo. Esto debió picar la curiosidad de Alcubierre que decidió presentar una propuesta al rey para poder excavar.
Dicen que al rey le gustó la idea, no creo que tanto por su afición a la arqueología como por que necesitaba decorar espacios.
Ya con el permiso real y los fondos correspondientes, que sin eso no hay nada, en octubre de 1738 se inician las excavaciones primero en Herculano, aue se halla enterrada aproximadamente bajo entre 15 y 18 m de profundidad en un manto de ceniza y material piroclástico particularmente duro. A día de hoy se calcula que solo se ha descubierto un 4% la ciudad.
Por ese motivo diez años despues, Alcubierre deja la excavacion de Herculano y centra su atención en Pompeya, que está bajo una capa de ceniza de 6-7 m de profundidad promedio.
Alcubierre decidió buscar en un lugar conocido como «Civita».
Allí, en 1748, comenzó a excavar y encontró los primeros restos de lo que creyó que era Estabia. Sin embargo, no fue hasta 1763 cuando se descubrió una inscripción que identificaba la ciudad como «Res Publica Pompeianorum», Pompeya resucitaba oficialmente para la humanidad
No pasaría mucho antes de que el rey viera satisfechas sus aspiraciones porque de Pompeya empezaron a salir innumerables tesoros que se encuentran en palacios y museos por toda Italia y buena parte del mundo.
Esta gran riqueza consolidó la imagen de Nápoles como referente cultural.
A parte de nutrir salones y escalinatas Pompeya también fue utilizada a modo de cantera proveyendo de ricos materiales a construcciones de toda la región. Algo habitual a lo largo de la historia.
Es decir que el propósito inicial no era «arqueológico» en el sentido moderno de la palabra (preservar la historia), sino más bien estético y político.
Aquí os dejo un interesante video que amplia todo esta información y que espero os interese
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