Ya está aquí, al menos en el Garden de mi pueblo hace tres semanas que ya es Navidad. ¡Hala, corre Estrella , a comprar los turrones!
¡Oh! qué quieres que haga, es que lo pones y se vende
Querida María el próximo día que nos veamos recuérdame que repasemos el calendario.
Con la Navidad se inicia el «Gran Festival»: los turrones, el arbolito, el pesebre, el «¿Qué farem per dinar?» (qué haremos para comer), esa es siempre mi suegra ¡Por Dios lo mismo de cada año! y por supuesto el «¿Qué le regalamos a tu hermano?» que puede ser también la hermana, el sobrino, la abuela etc. etc.
Es que tiene de todo, dice alguien.
Mentira, no tengo un Ferrari, no tengo un flash decente, por no tener no tengo ni la Thermomix (la que tuve era prestada).
El problema no es «tenga de todo» sino que lo que no tienes no suele ajustarse al presupuesto ni a las ganas de pensar, esto último más importante aun que el dinero, que pueda tener el cuñado/cuñada/sobrino/sobrina etc. que es quien te hace el regalo.
Ahí es cuando entra en escena el «pongo».
Que para quién desconozca el significado de la palabra sepa que ésta tiene su origen en la conocida expresión
Y ahora, ¿donde pongo yo esto?
A lo largo de mi vida he acumulado muchos «pongos» que mayoritariamente han acabado en la basura después de un periodo de reposo en el trastero mientras la cuñada/cuñado se olvida de «aquello tan mono» que te regaló la navidad del 2000.
Aquí tenéis una pequeña muestra de mis «pongos» favoritos.

Hasta hay un libro, pero es que el «librito» no tiene desperdicio.
¿Porqué hablo hoy de los pongos?, pues porque los españoles somos así de chulos, tanto que acabamos de colocarles el pongo más grande de la historia a los chinos y puede que el más caro. Sin «puede» seguro que es el más caro. El famoso «Miguelín»
Yo voy a Shangai y me encuentro con eso delante y a partir de ese día me declaro oficialmente ciudadana rusa, por aquello de la «verguenza ajena». Semejante engendro me incita a renunciar a mi pasaporte español y lo que es peor, en este caso tampoco me queda el recurso ese de «no, si… pero yo soy catalana» (una expresión muy utilizada por los catalanes cuando viajamos por el extranjero). Nopuedo decir eso porque la firmante de esa «obra» resulta que es catalana.
¡ESO DA MIEDO!
Cuando supe de existencia creí que se trataba de una broma, pero no. No sé, ni quiero saber el dinero que ha costado. Tampoco me sirve eso de «todo el mundo ha hablado de él» ¡No! a veces es mejor que no hablen de uno.
Al menos me consuela saber que nos hemos ahorrado los gastos de traerlo de nuevo a casa, o no. Porque igual resulta que para la cesión han firmado algún contrato de mantenimiento con cargo al erario español, no me extrañaría porque los chinos no son tontos, si a mi me quisieran enchufar algo así lo tendría muy claro. O me pagan o lo quemo.
En fin, que viene Navidad, que me consta que mis cuñadas me leen, por eso os comunico oficialmente que dentro de unos días os mandaré una listita de cosas varias, tranquilas que seran de bajo coste.
Porque la verdad siempre es más útil un cucharon que una cajita de los chinos.
El Garden de mi pueblo
La «madre» de Miguelín








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