Viento

Supongo que cómo casi siempre en la vida, todo es cuestión de costumbre, de hacerse a ello. Pero de momento a mi me queda mucho para hacerme con el viento.

El viento y yo siempre hemos tenido una relación cuando poco complicada.

La sempiterna marinada esa que tanto atabala, la tramontana la que limpia el aire y altera la habitual plácida linea del horizonte mediterráneo. El levante desmesurado que trae la lluvia, engrosa rieras y se lleva tras de sí playas, chiringuitos, paseos y nos recuerda que el hombre, mal que le pese es débil y que la naturaleza esta allí para recordarlo.

Hoy me las he visto con otro viento uno que ha hecho temblar las ventanas, un viento que se cuela por todas las rendijas, Dios nunca imaginé que hubieran tantas, un viento que aúlla; que hace gemir a las farolas, que atiza el velamen. Un viento inclemente para unos, habitual para otros.

Llevaba ya un buen rato soplando cuando a eso de las cuatro de la madrugada insomne, de repente, he pensado en ellos.

¡Dios! qué duro ser flamenco, todo el día con los pies en remojo con la cabeza metida en el barro y encima con este viento.

Y dicho esto voy a ver si consigo dormir un rato. Difícil lo veo

[amazon_link asins=’1494705036,1499636202,1494704706,1499101422,B074BFLQXF,1549756931,1499651007,148391609X’ template=’ProductCarousel’ store=’estrella0e-21′ marketplace=’ES’ link_id=’5fcbf5ac-fe6a-11e7-bdba-790df6936664′]