La historia interminable

Siempre recordaré una ocasión en que mi marido y yo salimos de viaje, dejando los niños en casa de mis suegros.  Entonces no habían móbiles y comunicarse dependían de llegar a un hotel y llamar por teléfono. Un día, llamé a media tarde, mi suegra me dió el parte correspondiente y entonces, como siempre dijo aquello de :

Nens veniu a dir-li hola a la mama (niños venid a decirle hola a mama)

Por aquel entonces Xavier era muy pequeño pero ya tenia la agenda muy apretada. En aquel momento tenía otras cosas más interesantes que hacer que hablar con su madre que presentaba una clara carencia de antenas, ojos compuestos y cuerpo de queratina.

Marc como siempre liquidó el tema con un par de monosilabos.

Júlia normalemente era la que me ponía al corriente de todo, de lo que quería escuchar y también de lo que no quería oir. Pero aquel día noté que a mi suegra le costó bastante convencerla de ponerse al telefono.

Pero por fin lo hizo.

– Mama, es que no puedo hablar contigo, porque no puedo dejar este libro . Cuando lo acabe te llamo. Adios.

Y colgó.

El libro era la Historia Interminable.

Captura de pantalla 2016-09-01 a las 18.50.19

 

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